Jiménez López, Juan de Dios y Fernando Plaza triunfan en una interesante novillada que cierra la feria de San Pedro

Los tres novilleros cortan una oreja por coleta, mientras que el venezolano Manolo Vanegas deja la impronta de su toreo ilusionante.

La segunda de las novilladas sin picadores puso fin a una exitosa miniferia de San Pedro Regalado, patrón de Valladolid y de los toreros. Se lidió un encierro de Peña de Francia y Hermanos Jiménez que, sin ser como el del pasado sábado, fue manejable, con dos excelentes novillos –primero y sexto- que permitió a los aspirantes mostrar sus condiciones.

 

Fernando Plaza se vestía por primera vez de luces y a pesar de su bisoñez y de estar algo verde en algunos capítulos de la lidia, consiguió construir una faena con muletazos largos y limpios, especialmente al natural. El novillo iba largo, humillaba y embestía con dulzura, lo que permitió al de Aranjuez desplegar una personalísima tauromaquia basada en la verticalidad y la despaciosidad. La espada no fue su fuerte y paseó una oreja.

 

El otro gran novillo de la tarde fue el que abrió plaza. Diego Luna, novillero de Villalpando, no estuvo a la altura. Demasiados enganchones y mucha precipitación. Le faltó una cualidad fundamental en el toreo: el temple. Y a pesar de recetar muchos pases la faena no caló en los tendidos. Por si fuera poco la espada se le atravesó y la actuación pasó desapercibida.

 

Bullicioso, voluntarioso y con ideas anduvo Jiménez López, de Algeciras. Variado con el capote, valiente en banderillas y solucionando la papeleta con la muleta ante un complicado novillo, permitió que una oreja recompensara el esfuerzo. El segoviano Jaime Rodríguez mostró su personalísimo toreo al capote. El novillo no ayudó demasiado y el novillero tuvo la virtud de dejársela siempre puesta. El mal uso de la espada le privó de lograr un trofeo.

 

Juan de Dios es un torero murciano con mucho gusto y con una legión de seguidores que ayer se hicieron notar en el Coso de Zorrilla. Su oponente fue noble pero pecó de falta de fuerza. El murciano le rectó tandas a media altura, muy templado y con pellizco, aunque abusó del medio muletazo. Acabó de encandilar al público con unas manoletinas de rodillas y a pesar de pinchar y recetar un bajonazo cortó una oreja.

 

Manolo Vanegas es un novillero venezolano que puede tener futuro. Pechó con el novillo más rajado y demostró solvencia y un toreo hondo. Muy bien a la verónica, recibió a su enemigo con dos largas afaroladas y montó un buen lío en banderillas. En la muleta, el astado no planteó pelea y Vanegas poco pudo hacer. Una vuelta al ruedo premió las buenas maneras del torero americano.

 

Ahora será Valtauro quien decidirá quién de los doce intervinientes que han hecho el paseíllo en esta miniferias han hecho suficiente méritos para componer la terna que actuará en la novillada sin picadores que abrirá la Feria de Nuestra Señora de San Lorenzo, en septiembre. Sin duda una elección complicada.