JIM, el “ganador” que no conquistó Valladolid

Juan Ignacio Martínez, antes de un encuentro de esta temporada. BORIS GARCÍA

El entrenador se va con un pobre balance de puntos en Liga, sin convencer a afición y sin encontrar un once tipo para la plantilla en toda la temporada.

“Yo me considero un ganador”. Así se ha expresado, por activa y por pasiva, Juan Ignacio Martínez una y otra vez a lo largo de la temporada cuando se ponía en duda su capacidad para sacar adelante al equipo. A ojos vista, el ya ex entrenador del Real Valladolid tendrá que plantearse su discurso después de su calamitosa campaña en Zorrilla.

 

Salvado por las circunstancias –Carlos Suárez no quiso repetir el error de Mendilibar, echándole demasiado pronto- el alicantino ha firmado una temporada que, si bien al menos ha llegado a concluir, ha sido completamente para olvidar. Se hace difícil contar sus aciertos a lo largo de los nueve meses de competición, más allá de ganar al FC Barcelona y arrancar un empate ante el Madrid, ambos en Zorrilla. Por desgracia, no se antoja tan complicada su lista de errores.

 

Y es que el entrenador culminó las 38 jornadas con apenas siete victorias –lo cual no alcanza ni una cada cinco partidos-, quince empates y dieciséis derrotas, un balance con el que es difícil no acabar en Segunda División. Pero no es solo cuestión de números. Las comparaciones son odiosas, pero se hace inevitable echar una mirada al pasado y no recordar a Miroslav Djukic, tan cerca en el tiempo y a la vez tan lejos.

 

De un año para otro, con el desembarco de JIM y la desaparición del serbio, pareció esfumarse un estilo, una forma de jugar que la plantilla parecía conocer de memoria. Bien es cierto que hubo ciertos cambios en el vestuario, pero semejante bajón que ha hecho bostezar a la grada en demasiadas ocasiones es uno de los ‘peros’ más flagrantes de Juan Ignacio.

 

Solo uno más a la lista, que quizá enlace con el siguiente. El técnico jamás comulgó con la afición. Eran pocos los que defendían su sistema táctico, que en muchas veces llegaba a parecer inexistente, y su figura, tanto dentro como fuera del vestuario. Un hombre cercano, que se preocupaba por los demás cuando era necesario, pero que no parecía tener claras las ideas para conseguir lo que pretendía sobre el campo.

 

Quizá con esto tuviera que ver el hecho de que no llegase a encontrar su once tipo en toda la temporada. Los jugadores, algunos muchos más aprovechables que otros, bailaban continuamente en las alineaciones del entrenador. Si se le preguntase a un aficionado corriente por la más habitual, sería difícil encontrar a dos que dijeran exactamente la misma formación, aunque se parecieran. Las comparaciones con Djukic se agrandaron demasiado.

 

Y por no hablar de su pasado en el Levante. Toda vez que en dos temporadas cosechó dos permanencias y una clasificación para la UEFA, parece que aquel rastro de entrenador con mente clara e ideas brillantes terminó por esfumarse en Valladolid.

 

Ahora a la dirección deportiva y a Carlos Suárez solo les queda encontrar a alguien de perfil completamente distinto, ya que bien diferente es el buscar la permanencia que un ascenso, y acertar. Esta vez sí, no hay margen de error.

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