Javier Baraja se despide entre lágrimas como jugador del Real Valladolid

Javier Baraja, en su despedida como jugador del Real Valladolid, entre lágrimas. TRIBUNA

El ya ex capitán blanquivioleta no cerró la puerta a volver en el futuro, quizá “como técnico”, ya que ni mucho menos sale “a malas” del club.

“Me he traído una chuleta porque es difícil transmitir todo lo que llevo dentro”, comenzaba Javier Baraja, ya con la voz entrecortada antes de que las lágrimas empezaran a caerle por las mejillas. Se trataba de su despedida oficial del equipo que le ha visto vestir la elástica blanquivioleta de manera interrumpida desde 2005, nada más y nada menos.

 

“Mi etapa como futbolista en el equipo de mi ciudad ha terminado. Cuando en 2005 mi representante me dijo que íbamos a firmar con el Valladolid, no podía imaginar que dentro de tantos años estaría aquí despidiéndome tras tanto tiempo en mi equipo. Nueve temporadas en las que he vivido cosas buenas y cosas malas, pero os aseguro que en cada una de ellas ha sido dando el 100%. He cumplido el sueño de ese niño de barrio que juega en la calle, sueños de muchos compañeros que juegan en categorías inferiores, en definitiva, el sueño de cualquier niño futbolero de Valladolid”, iniciaba el ex jugador blanquivioleta, atragantándose con las palabras.

 

Fue entonces cuando pasó a los agradecimientos, muchos, después de tantos años. “El mayor orgullo es llevar cuatro años el brazalete del Pucela representando a su cantera. Solo tengo agradecimientos hacia el Valladolid por lo que he vivido desde el primer hasta el último minuto, he pasado por todos los niveles de cantera, he trabajado con muchos entrenadores, a todos ellos gracias. No quiero ser pesado, pero sería injusto dejar a alguien en el olvido".

 

“Gracias Carlos Suárez por nueve años de confianza, gracias a José Luis Pérez Caminero por creer en mí, gracias a los dos, porque hicisteis que este sueño comenzara en 2005. Gracias a mis amigos y compañeros más cercanos, por los valores de vestuario. Marcos, Víctor, Óscar, García Calvo, la vieja guardia. Gracias a todos mis compañeros, no quiero decir nombres porque alguno me olvidaría y sería injusto. No acabaría. Eso dice mucho de la calidad humana de este vestuario. Gracias a todos los entrenadores porque de todos he aprendido algo. Gracias a la prensa, que siempre valoró mi profesionalidad y entrega. Gracias a los de las oficinas y residencia por cariño y respeto, sin vosotros el club no funcionaría. A las chicas de la lavandería, chicos del campo, que día a día tenéis sonrisa, gracias a Jesús por esos abrazos que te hacen sentir como en casa. No os penséis que me olvido de vosotros”. El capitán no pudo más. Tuvo que hacer una pausa para que una abarrotada sala de prensa le diera un sentido aplauso.

 

“Gracias al cuerpo médico, porque me habéis hecho sentir el mas importante del vestuario. Vuestros consejos han hecho que guarde un recuerdo inolvidable en el corazón. Y cómo no, gracias a la afición. Gracias por creer en un chico de Las Delicias que defendía vuestra camiseta, gracias porque sin vosotros el club no existiría. Y por ultimo gracias a los míos, a mis amigos, que han creído siempre en mí. En especial a ti, Julio, siempre a mi lado. A mi familia, mis suegros, por estar siempre pendientes. A mis hermanos, mi referencia, mi guía. A mis padres, que sin su sacrificio y dedicación nunca hubiera llegado. Por transmitirme los valores. Y por último a mi mujer, Elisa, que me has aguantado los malos humores, los malos momentos y mil gracias por hacer que me levantara cada día con la ilusión renovada. Sin tu apoyo habría sido muy complicado. Gracias a mis enanos, Mateo y Simón, sois el faro de mi vida. Después de esto se abren nuevos retos, nuevas puertas, lejos de la que ha sido mi casa durante 23 temporadas, me marcho con cabeza alta, conciencia tranquila, porque sé que cada minuto que he defendido la camiseta ha sido dando el máximo. Solo me queda desear la mejor de las suertes y decir bien alto, ‘Aúpa Pucela’”.

 

Así se despedía un mito del Real Valladolid, Javier Baraja, que aseguró no conocer todavía su futuro. Sí dejó en todo caso la puerta abierta a volver algún día “como técnico” a la entidad, ya que en ningún caso “salía de mala manera”. “Espero el año que viene poder celebrar el ascenso”. Y es que Baraja, si hay algo de lo que nunca podrá deshacerse, es de su ADN blanquivioleta.