Hugo O'Donell abre la Semana Santa de Medina de Rioseco a golpe de historia

Hugo O'Donell, en el pregón de Medina de Rioseco con la imagen del Nazareno

El tataranieto del general O'Donell fue el encargado de pronunciar el pregón de la Semana Santa de Rioseco con una lección de historia del pasado más esplendoroso de la Ciudad de los Almirantes.

La Semana Santa de Rioseco ya es una realidad. El pregón del historiador Hugo O’Donell abre la semana más importante y esperada por todos los riosecanos. El Académico de Real Academia de la Historia y Duque de Tetúan fue fiel a su disciplina y convirtió el pregón de la Semana Santa en una lección histórico con un gran peso del linaje de los Enríquez.

 

O’Donell, tataranieto del general Leopoldo O’Donell, cuya marcha fúnebre conocida en Rioseco como la Lágrima suena cada Viernes Santo, tuvo recuerdos para su antepasado a quien “le tocó el más hermoso y a la vez más difícil de los papeles políticos: el de conciliador”. El pregonero destacó que a su tatarabuelo le hubiera encantado saber que su marcha fúnebre forma parte de uno de los momentos más importantes de la Pasión riosecana.

 

“Fue un hombre hecho a sí mismo en la adversidad y declaró querer morir como cristiano. Estoy seguro de que al haber sabido que su recuerdo se iba a asociar a una de las manifestaciones públicas de fe y de cultura más impresionantes de Castilla le hubiera consolado enormemente en sus horas finales de desencanto”, dijo el historiador, quien pidió este Viernes Santo “una corta oración ante el Traspasado del Longinos y ante la Dolorosa de La Escalera, cuando el hermano cadena pida música al maestro de la banda”

 

Se encomendó a Jesús Nazareno de Santiago, quien presidió el acto, junto a todos los Mayordomos de las diecisiete cofradías, y digo querer ser “antagónico rival de ese sayón” que anuncia el paso del nazareno camino del Calvario. Conminó a los presentes a “oíd, oíd, oíd” pues “ya que me habéis hecho el honor de nombrarme pregonero en las ciudad de los pregoneros para proclamar públicamente, en voz muy alta y en ocasión tan solemne, lo que de vosotros y de vuestro enorme acervo cultural he aprendido y que os devuelvo, como historiador, asumido como propio”.

 

Fue entonces cuando inició la parte central de su alocución un repaso histórico a los momentos más esplendorosos del pasado riosecano. “Opino que, de todos los almirantes, el más querido de los riosecanos fue Juan Alfonso Enríquez de Cabrera y Colonna, que quiso volver a España y hacer morada y aposento, habitación y domicilio de su palacio frente a su convento-panteón de San Francisco”. No faltó tampoco una mirada a Módica y a Vittoria, ciudades italianas ligadas a la de Rioseco.

 

Hugo O’Donell finalizó su pregón con un “venid y comprobad” a todos los forasteros. “Me encuentro ahora lleno de respeto, sobrecogido y admirado por la forma en la que viven, sienten y representan los riosecanos su Semana Santa, especial y única; acontecimiento humano y cultural sin parangón en torno a unas imágenes venerables y veneradas por generaciones. Tradición, esfuerzo, arte y fervor ante el Gran Drama representado en pasos grandes y pequeños”.