“Hubo gente que estuvo ocho horas encerrada en un tren sin comida ni bebida”

Decenas de pasajeros esperan en la estación de tren de Valladolid tras el incidente. TWITTER

Los afectados por la avería de una catenaria del tren entre Corcos y Cabezón este domingo, que llegaron en algunos casos ocho horas tarde a sus destinos, califican la experiencia como “caótica y de mal gusto”.

El compromiso de puntualidad de Renfe promete a sus viajeros que, por norma general y salvo causa de fuerza mayor, tendrá derecho a la devolución del 50% del importe del billete si el tren llega una hora tarde y el 100% si la espera de más se alarga hasta los noventa minutos.

 

Pues bien, para las más de 2.500 personas que finalmente fueron afectadas por la avería de una catenaria entre Corcos y Cabezón de Pisuerga, que en algunos casos provocó que los viajeros llegaran hasta ocho horas tarde respecto a lo que ponía en su billete, casi se les debería regalar una estación entera para cada uno. O así lo ven varios tras una tarde-noche que no dudan en calificar como “desastrosa, caótica y de mal gusto”.

 

Ya no solo por la espera, que muchos ven lógica para imprevistos como el de una avería, sino por la incertidumbre y el “mal trato” al que fueron sometidos. “Para mí el titular podría ser 'Atrapados en un tren sin comida, ni bebida'”, comienza explicando Ángel Merino, un joven de 26 años que en principio debía salir de León a las 18.19 del domingo y llegar a Madrid a las 21.15.

 

“Desde el primer momento nadie se dignó a informar de nada”, continúa. “A las siete y media de la tarde llegamos a Palencia y ahí, de repente, estuvimos parados más de dos horas sin que nadie nos diera explicación ninguna”.

 

Un simple viaje para volver a casa tras el fin de semana que terminó convirtiéndose en pesadilla. “A las nueve y media de la noche, la gente empezó a moverse porque supuestamente el tren no funcionaba y nos iban a trasladar en autobús a Valladolid para luego ir a Madrid. Aquí tampoco dio nadie la cara para explicarnos nada”.

 

 

Fue entonces cuando, la mayoría por sus propios medios, se enteraron de lo que realmente sucedía. “Más de una hora en la calle esperando a que vinieran los autobuses. Había dos personas intentando organizar, pero obviamente no lo podían abarcar. La Policía decía que ellos solo estaban para organizar el tráfico. Hubo dos peleas por el agobio y la falta de organización”, Un auténtico caos para llegar a Valladolid. Una vez allí el tren volvió a retrasarse, ya que debía salir a las 23.30, y por si fuera poco a esas horas, pasada la medianoche, no había dónde cenar, cerradas todas las cafeterías y bares.

 

“La gente estaba muy nerviosa, era todo muy caótico, había mujeres embarazadas... Como el tren estuvo detenido tanto tiempo en mitad de la nada, la gente llamó a la policía y emergencias porque había pasajeros que les estaba dando crisis de nervios”. Finalmente, Ángel llegó a su destino con más de cinco horas de retraso.

 

Situación muy distinta vivió Erika Caballero, de diecinueve años. Ella también sufrió en sus carnes la avería en su viaje de Bilbao a Valladolid, que salía a las 17:10 y arribaba a las 20:50, pero con final mucho más feliz y simple. El tren marchó con normalidad hasta las 20:40, cuando ya casi llegaba a su destino, en Venta de Baños.

 

“Estábamos a punto de llegar cuando apareció el revisor y nos comentó el problema, y que tardarían en arreglarlo”, empieza Erika. Un golpe de fortuna, pues mientras algunos tenían que llegar a Madrid y no les quedaba otra opción que esperar a los buses mandados por Renfe, ella fue recogida por unos conocidos tras solo una hora de espera.

 

“Podía haber sido mucho peor. Nosotros tuvimos suerte, pero la gente que iba más lejos estaba más nerviosa. Por ejemplo hablamos con unos que iban a Madrid que nos contaron que ya no llegaban a tiempo para poder dormir y trabajar al día siguiente”, concluye.

 

Al final, todo el mal trago se resume en las palabras de Ángel. “Espero que se resuelva y nos indemnicen, porque yo pasé más de 10 horas montado en un tren”. Renfe, en principio, ya está manos a la obra con ello.

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