Herrar a fuego, algo más que un oficio artesano

Antonio Borjas en una exhibición de herraje en caliente en la Feria del Caballo de Rioseco. F. FRADEJAS

Antonio Borjas de Medina de Rioseco es uno de los pocos herradores en caliente que existen en la provincia de Valladolid.

El herraje de los caballos es una labor que los propietarios que disfrutan de sus monturas deben hacer cada dos o tres meses. Las herraduras proporcionarán al equino la protección suficiente en sus cascos para cualquier terreno. La figura del herrador es muy típica en esta tierra y Medina de Rioseco cuenta con algunos buenos profesionales.

 

Uno de ellos es Antonio Borjas, con más de veinte años de experiencia y que ha hecho de esta pasión una forma de vida y también su profesión. Borjas hierra al fuego, en una técnica centenaria que permite algunas ventajas a la cotidiana labor de poner herraduras a los caballos.

 

Las principales ventajas de poner la herradura al rojo vivo en una estufa es que se desparasita el que será el ‘calzado’ de los animales y que la herradura se puede modelar a la perfecta medida del casco del caballo. No obstante, no se debe efectuar en aquellos equinos que tengan el casco muy seco.

 

La faena comienza quitando las viejas herraduras. “Normalmente lo llamamos descalzar”, dice Borjas, que comenzó aprendiendo con su tío, aunque luego ha hecho numerosos cursos y clinic para mejorar la técnica“Antes se consideraba un buen herraje simplemente con que la herradura quedara sujeta al caballo. Y eso no es así. El herraje es mucho más, hay que amoldarlo perfectamente al casco” y pone un ejemplo: “si tu usas un número 40 de calzado, seguramente el 39 también podrá entrarte en el pie, pero el daño será considerable; en los caballos ocurre lo mismo”.

 

Una vez retirada la herradura, con unas tenazas se elimina parte del casco sobrante. “Es como cuando nos cortamos las uñas”, dice el herrador. Una herramienta llamada legra permite limpiar bien el casco y con una escofina se iguala. Estamos ante una auténtica manicura equina. Con la herradura al rojo vivo se coloca durante unos segundos en el casco. El herrador analiza la marca que ha dejado para ver si el hierro asienta bien. En un yunque moldeará lo necesario.

 

El casco es una parte insensible del caballo, con lo cual el animal no sufre. No obstante, el herrador advierte de que solo un profesional debe llevar a cabo este proceso, para evitar inferir cualquier daño al animal. Antonio explica que no todos los caballos que hierra son mansos y se dejan colocar los hierros con facilidad. “Algunos se ponen nerviosos y hay que tranquilizarlos con una inyección. Es mejor esto que otras barbaridades que antes se hacían”, confiesa.

 

Antes de colocar definitivamente las herraduras, se pasarán por un esmeril para redondear los cantos. Con unos calvos se ajustarán al casco. Luego se remacharán las puntas y se quedarán perfectamente limadas. Tras cerca de una hora, el caballo estará listo para galopar. Antonio Borjas explica que hay diferentes tipos de herraduras. “Los caballos de carrera calzan herraduras de aluminio que pesan menos, y los de la Policía que suelen andar mucho por asfalto son de goma”.

 

Ama su trabajo y disfruta con su profesión. “Es muy dura y te tiene que gustar”, dice este gitano riosecano que recorre gran parte de la Comunidad herrando caballos a domicilio, o mejor dicho a cuadra. Es Antonio Borjas, el herrador a fuego de Rioseco. Dicen sus clientes, que uno de los más habilidosos y de los que mejor conocen su profesión. Los caballos también se lo agradecen, aunque alguno le haya dado más de un susto.