Hasta siempre, Presidente Suárez

El cuerpo del primer presidente de la Democracia reposa ya junto al de su esposa en la catedral de Ávila, donde se ha celebrado una misa Corpore Insepulto, presidida por el obispo de Ávila y en la que Adolfo Suárez ha estado acompañado de toda su familia, el presidente del Gobierno, numerosas autoridades, amigos y cientos de abulenses.

Los abulenses esperaban la llegada de uno de sus más ilustres vecinos, Adolfo Suárez, desde primera hora de la mañana apostados a las puertas de la catedral. Pasaban las 13.00 horas cuando el coche fúnebre llegaba a la capital y era recibido entre aplausos y vítores en todo el recorrido del cortejo hasta llegar a la capital.

 

Allí, el cuerpo de Adolfo Suárez era recibido por su familia, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, el delegado de Gobierno de Castilla y León, Ramiro Ruiz Medrano, el subdelegado de Gobierno de Ávila, José Luis Rivas, el alcalde de Ávila, Miguel Ángel García Nieto, consejeros de la región, y miembros de las corporaciones local y provincial abulenses.

 

Sonaba el Himno de España, interpretado por la Banda Municipal de Música, cuando el féretro era sacado del coche y transportado a hombros por efectivos de la Policía Local de Ávila. Dentro de la catedral le esperaba el Obispo de Ávila, Monseñor García Burillo, el presidente de la Conferencia Episcopal y Arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, el Cardenal Antonio Cañizares, el Cabildo de la Catedral, además del expresidente José María Aznar, amigos de la familia, como el torero Juan José Padilla, autoridades llegadas desde todos los puntos de España, numerosos sacerdotes, y por supuesto, abulenses.

 

La Misa Corpore Insepulto se ha celebrado en el altar mayor y ha sido oficiada por el Obispo de Ávila, que ha comenzado con el encendido del cirio como símbolo del resucitado. A continuación se dio inicio la oración colectiva, la liturgia de la palabra, el ofertorio, hasta la Comunión, dando ésta paso a los ritos de despedida: una pequeña moción que ha hecho García Burillo, la aspersión (recordatorio del Bautismo), y la incensación del cadáver (recordando que fue templo del espíritu y por eso se veneran sus restos).

 

Seguidamente, se ha organizado la procesión para trasladar el cuerpo hasta el lugar del entierro. Un ritual en que sólo ha participado el Obispo de Ávila, la familia y el Cabildo de la catedral.

 

El féretro ha sido depositado en el suelo, como símbolo de que el fallecido vuelve de nuevo a la tierra, bendecido por García Burillo. Momentos después se ha introducido en la tumba, que ha sido cerrada con una losa y se ha colocado la lápida.


Adolfo Suárez, descansa ya en paz, como siempre quiso, junto a su mujer, Amparo Illana, en la catedral de la ciudad que aunque no le vio nacer, sí crecer y siempre le ha considerado hijo suyo.

 

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