Hallan reliquias de la primera generación de estrellas de la Vía Láctea

Reliquias de la primera generación de estrellas de la Vía Láctea

Las primeras estrellas que compusieron la Vía Láctea hace tiempo que se 'quemaron', pero los astrónomos han logrado, por primera vez observar un conjunto de elementos químicos que, en su día, formaron sus núcleos y provocaron las explosiones de supernovas. 

Los investigadores han detectado trazas de azufre y fósforo en una estrella de segunda generación en la Vía Láctea. El equipo también fue el primero en utilizar el telescopio espacial Hubble para asignar el espectro ultravioleta de una estrella de segunda generación.

"Hemos dado un nuevo giro a una técnica muy antigua para medir las huellas químicas de una estrella. Estas recuerdan a los viveros donde nacieron y los científicos han sido capaces de recoger algunas piezas valiosas de esa memoria con estas nuevas observaciones", ha explicado el ayudante en la investigación, Ian Roederer, profesor de astronomía de la Universidad de Michigan.

Aunque los científicos no pueden observar directamente las primeras estrellas que se formaron en la Vía Láctea, pueden mirar a las de segunda generación existentes para ver lo que se creó después de la muerte de una estrella anterior. Las estrellas de segunda generación se formaron cuando las primeras estrellas en el Universo --que se compone principalmente de helio e hidrógeno--, explotaron como supernovas.

Como resultado de estas explosiones, las estrellas de primera generación produjeron nuevos elementos. Su cartografía permite a los científicos aprender algo acerca de las características de esa estrella original. "Conocer más sobre la composición de las estrellas originales del universo nos puede decir de dónde venimos", ha apuntado Roederer.

Según ha señalado, "las estrellas son las fábricas donde se hicieron todos los elementos del Universo, aparte del hidrógeno y el helio, incluyendo los que componen la Tierra e, incluso, el propio cuerpo del ser humano".

LA INVESTIGACIÓN

Para su investigación, el equipo de Roederer escogió una estrella llamada BD+44 493, la más brillante conocida de segunda generación en el cielo. A pesar de que está a unos 600 años luz de distancia, es visible con un buen par de binoculares.

El equipo eligió BD+44 493 no sólo por su visibilidad, sino también debido a que contiene una alta concentración de carbono y de baja concentración de hierro y otros elementos pesados. Se cree que se formó a partir de una sola estrella de primera generación. Además de la detección de fósforo y azufre en el espectro ultravioleta de la estrella, el equipo encontró zinc, un elemento que se había visto solamente una vez en una estrella de segunda generación.

La presencia de estos tres elementos en las cantidades que el equipo observó significa que la introducción de estos átomos en el espacio era probable masivo, probablemente más de 20 veces más masivo que el Sol, de ahí que la estrella explotara como una supernova.

"Una de las características peculiares de esta supernova es que tenía menos energía de lo que se podría considerar una explosión de supernova normal. Esta es una historia diferente de lo que se habló de otra supernova de primera generación a partir de una detección previa de zinc en otra estrella de segunda generación", ha precisado el científico.

Por este motivo, los expertos creen que el descubrimiento también presenta posibilidades futuras para aprender más acerca de las estrellas de primera generación. En la actualidad, el telescopio espacial Hubble es la única manera de ver los espectros ultravioleta de las estrellas, pero Roederer dice que, mientras los más potentes espectrógrafos UV estén disponibles, podrán ser utilizados por los investigadores para identificar muchas más estrellas de segunda generación que revelarán nueva información acerca de las diversas características de las primeras estrellas del Universo.