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Cartel definitivo iberian file

“Hacer reír a la gente es más difícil que hace un par de años”

Así lo creen Nano Arranz y Quique Álvarez, socio y presidente respectivamente del Círculo de Ilusionismo Vallisoletano que cumple 25 años en la capital. Con su visita, la magia “blanca” hizo que toda la redacción se paralizara por unos minutos... Esto es lo que ocurrió.

Fernando Arribas tenía un bar. Allí se reunía un grupo de amigos “magos” que intercambiaban trucos, charlaban y pasaban gran tiempo en el local. En una de esas tardes, decidieron formar el Círculo de Ilusionismo Vallisoletano, bajo el amparo de la Sociedad Española de Ilusionismo.

 

Los antiguos egipcios, por ejemplo, eran devotos de la magia. Los ‘sacerdotes’ no eran más que magos, conocedores de ciertos fenómenos meteorológicos a los que sacar partido. “Por ejemplo, los vientos que soplaban en ciertas estaciones del año, o alguna reacción química que, por casualidad, funcionaba, eran los pilares básicos de sus trucos, aunque luego añadieran que habían sido los dioses”, explica Quique.

 

MAGIA BLANCA Y NEGRA

 

Nano empezó metiéndose en el mundo del teatro. El lugar donde nace la magia. Quique, por su parte, y aunque suene típico, “por el  juego que te regalan de pequeño de Magia Borrás." Bueno, y por los trucos que le hacía su padre. Gracias al Círculo, pueden aprender día a día con libros, vídeos, con la creatividad que aporta cada uno, asistiendo a conferencias nacionales e internacionales de magia... etc.

 

No nos gusta decir que hacemos ‘trucos’, preferimos llamarlos ‘efectos’. Los trucos suenan a engaño; los efectos, a ilusión”, aclaran. Lo que más gusta es el aplauso final del público, superarse personalmente con los retos que se proponen, ver cómo una persona se sorprende. Porque en el momento en el que investigas cómo lo ha hecho, la magia desaparece. Y es que advierten: “todo efecto tiene su explicación. Todo. Desde un simple juego de cartas hasta el mentalismo. Por ejemplo, cuando te echan las cartas, o cuando un mago adivina el número que estabas pensando, todo eso viene de un efecto”.

 

No hay que confundir la magia blanca con la magia negra. La primera la hacen aquellos ilusionistas que, antes de empezar con su número, avisan de que son precisamente eso, magos, profesionales de la magia, es como decir al público: “ lo que van a ver a continuación es fruto de un efecto muy ensayado por mí, que esconde una explicación, pero me la guardo.” La magia negra, por el contrario, es aquella que achaca los trucos a espíritus, astros o poderes que la persona al frente de la ilusión dice tener. “Pero es todo mentira, se aprovechan de la atmósfera, de la propia subjetivización de la persona que acude”, declaran Nano y Quique, completamente de acuerdo entre ellos.

 

Y cuidado con los trileros. “Son personas muy especializadas en un solo truco, pero es que nunca vas a pillarlos, y se aprovechan económicamente de ello.”

 

TIPOS DE MAGIA

 

La magia blanca se clasifica en varios grupos: La cartomagia, o magia hecha con cartas; la numismagia, con monedas; la magia cotidiana, que se hace con objetos del día a día, como bolis o vasos...

 

Después tenemos la magia de salón, llevada a cabo en lugares no muy grandes; las grandes ilusiones, que son las más sorprendentes, como cuando el mago corta a alguien por la mitad o hace aparecer y desaparecer personas... y por último las artes afines: mentalismo, ventriloquia, algunas ramas de la hipnosis...

 

El día 13 de mayo hicieron una gala de magia en la Cúpula del Milenio, para pequeños y mayores. En contra de lo que parece, los que más se sorprenden con los efectos de magia son los adultos, especialmente con los cotidianos, o los de cartas y monedas. “Los niños, como viven en un mundo de fantasía continuo, creen en la magia, en las hadas, en los duendes, en los monstruos... No se cuestionan nada, un mago hace magia y punto”, explica Nano.

 

PÚBLICO NO EJEMPLAR

 

Pero ser mago también tiene sus complicaciones: “el ensayo es lo más duro, cuando algún efecto se te resiste... la frustración personal es muy alta. Y la respuesta del público, claro, es vital. La gente viene a ver 1 hora y media de magia, pero lo que no sabe es que detrás hemos tenido 8 horas de preparación.”

 

Y no somos un público, precisamente, modélico. “Hay veces que no te respetan, o que te distraen con cuchicheos, niños corriendo, teléfonos sonando...”, se sincera Nano. Quique especifica: “Oh, los teléfonos. Son la peor falta de respeto para una persona que está actuando. Puede que se le pase a uno, o a dos, hasta ahí eres comprensible. Pero más...”

 

De hecho, este fin de semana pasado, el artista José María Pou, tuvo que interrumpir su actuación en el teatro Calderón tras sonar varios teléfonos móviles. El colmo llegó mientras Pou amonestaba al público por considerarlo una falta de respeto. En ese momento, sonó el teléfono de una espectadora, quien no tuvo reparos en levantarse, descolgar y salir del teatro para volver a entrar pasados unos minutos, cuando finalizó su conversación. 

 

DESAPARECER POLÍTICOS

 

En alguna ocasión, nuestros magos preguntaron al público que a quién querrían hacer desaparecer. La mayoría respondió que "a nuestros políticos", aunque también a su mujer, marido o jefe. "Ojalá pudiésemos hacer desaparecer la crisis y el desánimo generalizado...", expresa Quique. No obstante, ironiza con la idea de que algunos políticos también son "magos", a su manera, haciendo desaparecer y aparecer sobres con dinero. 

 

Y para acabar el reportaje, nuestros magos particulares nos hacen dos efectos con cartas de la baraja francesa que, ojalá pudiésemos relatar en estas líneas. Pero no. A esta redactora se le escapa la explicación de que una carta aparezca y desaparezca en un lugar u otro de la mesa. Nuestras caras, reflejadas en la última foto, lo dicen todo.