“Gracias al cine español somos conocidos y reconocidos en el exterior”

Concha Velasco y José Sacristán recogen la Espiga de Oro de Honor de la 58 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid.

“Gracias al cine español, en ocasiones tan denostado, somos conocidos y reconocidos en el exterior”. Con estas palabras la actriz vallisoletana Concha Velasco recogía la Espiga de Honor de la 58 Semana Internacional de Cine de Valladolid, junto al también actor José Sacristán. “Es todo un honor el premio y un honor añadido por recibirlo de manos de Concha Velasco”, dijo Sacristán.

 

El actor recordó cómo fueron sus inicios tras 60 años de profesión. En Chinchón, su pueblo natal, fue donde vio su primera película. Seis décadas después aún sigue enamorado de su profesión. Vidas paralelas, las de Concha y José. La vallisoletana echó mano de la memoria para relatar emocionada los “bailes” que echó encima de las mesas del Casino Militar.

 

CLASE MAGISTRAL.

 

José Sacristán, asimismo, ofreció una clase abierta en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho, en la que se ha repasado la basta carrera del actor de Chinchón. El director del festival, Javier Angulo, fue el encargado de conducir el encuentro en el que se habló de los inicios del actor.

 

Desde muy pequeño supo que quería dedicarse al mundo del cine: “Quería ser artista de cine, no actor, eso era una cosa menor”. Con 13 años tuvo su primer encuentro con el teatro. Su padre le apuntó a un taller de aprendiz de mecánico pero él logró escabullirse y se unió al grupo de vocalización y canto. “Estáis contemplando a una tonadillera frustrada”, bromeó el actor, provocando las risas del público. 

 

Recordó que Pigmalión, de George Bernard Shaw, fue la primera obra en la que habló y en la que interpretaba a uno de los jóvenes que abordaban al Profesor Higgins, papel que años después interpretó en el musical My Fair Lady con Paloma San Basilio. No se olvidó de hablar de grandes compañeros, amigos y referentes como fueron Alfredo Landa, Fernando Fernán Gómez o Adolfo Marsillach, con los que compartió escena y de los cuales aprendió.

 

“Antes no había escuelas de interpretación, yo para aprender me fijaba en Fernando Fernán Gómez”, afirmó.  “El simple hecho de hacer una película detrás de otra, para mí, era suficiente; el ir demostrándome a mí mismo y a mis padres que ese chico de Chinchón estaba consiguiendo su sueño”, expresó Sacristán cuando Angulo le preguntó sobre los últimos reconocimientos, como el Goya, que le han concedido este año.

 

Para el actor madrileño, el oficio de actor es un juego: “El juego de hacer creer a otra persona que eres alguien que no eres y hoy me dan una Espiga de Honor por jugar a hacer creer algo que no soy y estoy muy orgulloso”.

 

Sacristán actualmente se denomina a sí mismo como “la musa del cine sin dinero” ya que estos últimos años ha trabajado con directores como Isaki Lacuesta, Carlos Vermut o Javier Rebollo, director de El muerto y ser feliz, que se proyecta en la 58ª Seminci dentro del ciclo Spanish Cinema.

 

Para finalizar la clase, se ha abierto un turno de preguntas en el que los asistentes, muchos de ellos alumnos de arte dramático, han podido preguntar a Sacristán sus dudas acerca del oficio de actor, sobre el que el madrileño ha resaltado, con especial importancia, que el mayor logro es la continuidad del mismo.