Fuego, calor y chile en el I Concurso de Comida Picante del vallisoletano barrio de La Pilarica

Alfonso Anta, el más veterano de los nueve concursantes, consiguió llevarse la victoria tras el sexto plato y ganó una cena en el Mesón Casa Bienve, donde se celebró el certamen.

No todas las conversaciones centran el polémico cierre del paso a nivel en el vallisoletano barrio de La Pilarica. Al fin y al cabo, este viernes se dio el pistoletazo de salida a las fiestas del lugar, unas celebraciones que durarán hasta el próximo lunes y que, como se está pudiendo comprobar por las calles, están siendo todo un éxito. ¿No se lo cree? Pues eso es porque no estuvo al final de la mañana de este sábado en el Mesón Asador Casa Bienve, en la calle Puente La Reina.

 

¿Y qué había allí? Pues para empezar, nueve concursantes que se dieron cita alrededor de una enorme mesa de madera con unos particulares chiles y pimientos de color rojo, verde y amarillo. Todos ellos tenían muy claro por qué estaban allí; para ganar el I Concurso de Comida Picante de La Pilarica.

 

Siempre con el beneplácito de Bienve, que antes de comenzar el certamen les avisó que podían beber todo lo que quisieran menos leche, la expectación que podía palparse en el ambiente era máxima. De hecho, gran parte de la barriada no quiso perderse el Concurso y fueron muchos los que tuvieron que verlo desde las ventanas del lugar.

 

Preparados, listos, ya. Primero, y como entrante, una guindilla. Después, una sopa de ajo con ‘toque especial’. Acto seguido, un chile chipodle que bien podría haber salido del infierno. Para seguir, un chili con chorizo picante. Y entonces llegaron los platos fuertes. La cocina de Bienve parecía haberse convertido en un horno.

 

Siete pequeños platos –para entonces dos ya se habían quedado por el camino- portaban unos trozos de carne estofada con arroz. Por supuesto, el secreto estaba en la salsa, recién traída de México, en un bote tan pequeño como ‘destrozalenguas’. Más de uno planteó tirar la toalla, pero no. El honor estaba reservado para el último manjar.

 

Una vez más, y entre resoplidos, carreras a la ventana para sacar la lengua a pasear y sudores, siete tacitas de barro llenas de garbanzos con un fuerte olor emprendieron viaje hacia la mesa. Era el súmum, lo que seis de los siete que habían aguantado estoicamente, no pudieron soportar. Alfonso Anta, visiblemente el más veterano de todos los participantes, levantó dos dedos de cada mano en señal de victoria, mientras recibía el aplauso de los presentes y Bienve se acercaba en persona para estrecharle la mano. La cena era suya... ¿Picante? Eso tendrá que decidirlo él.