Francisco José Espada maquilla una tediosa tarde

Francisco José Espada pasea la única oreja de la tarde.

El madrileño corta la única oreja al más potable de la tarde de un manso encierro. Ricardo Maldonado y Varea se fueron de vacío en la festividad de San Pedro Regalado

Dos horas y tres cuartos después las mulillas arrastraban al último novillo de la tarde justo en el momento en el que el Rea Madrid marcaba el gol de penalti que le ponía por delante en la eliminatoria de Champions. Los más futboleros y merengues lo celebraron. Hasta el momento en lo taurino la tarde había sido de pocas alegrías. Tan solo Francisco José Espada pudo aprovechar el más potable de un encierro manso, parado y que presentó algunas dificultades a la terna.

 

Hubo baile de corrales y la novillada anunciada de García Jiménez fue sustituida por completo por un encierro de Hermanos Revesado y Torrealba que fue una auténtica corrida de toros. El sobrero y el sexto fueron una estampa.

 

Espada tuvo que pechar con el primero, áspero y peligroso. Tragó el madrileño que, a base de exponer, pudo ligar de uno en uno. El cuarto fue devuelto por blando y en su lugar salió el mejor de la tarde. Un colorado que era un tío y que acudió pronto a los engaños. Espada cobró buenas series por el derecho, aunque fue recortando la distancia a su enemigo para colocarse entre los pitones, cuando el de Hermanos Revesado le pedía más sitio. La estocada desprendida no fue problema para que el novillero paseara una oreja, la única de una larga tarde.

 

 

Ricardo Maldonado volvía al coso de Zorrilla que le vio triunfar en septiembre. Pero el lote que le cayó en suerte nada tuvo que ver con aquellos dos bravos ejemplares del Torreón, criados por el maestro Rincón. Su primero le puso algunas complicaciones. Tomaba el novillo los dos primeros pero al tercero le protestaba y la faena no tomó altura. Mejor al natural, aunque con cuentagotas. El pucelano, que había brindado al futbolista Óscar, le consiguió robar algunos muletazos más limpios. Se alargó en la faena y falló a espadas.

 

El quinto se acabó en el caballo. Dos puyazos largos agotaron la escasa gasolina del bonito burraco. A pesar de ello, Maldonado lo intentó al natural, donde logró engarzar un par de series de muletazos de buen trazo pero escasamente ligados. Ahí acabó la comparecencia del novillero de la tierra.

 

Varea, el castellonés, no se acopló a su gazapón y noblón primero que pedía más firmeza y la distancia adecuada. El sexto bien hubiera pasado por un cuatreño y parecía que podía servir pero se apagó demasiado pronto. Buen inicio geuflexo al que siguió dos series templadas por el pitón derecho. Pero el novillo no quiso más pelea y cuando la tomó por la izquierda salió huyendo. Ahí finalizó una tediosa novilladas en una tarde de bochorno impropia del mes de mayo.