Fin a los andamios del histórico edificio que 'ensuciaban' la Plaza Santa Ana de Valladolid

Obreros desmontan el andamio de la Plaza Santa Ana esquina con calle Pasión. JORGE IGLESIAS

Después de un cuarto de siglo en estado ruinoso, lo que ha provocado que en los últimos años siempre luciera con andamios, este jueves ha comenzado a retirarse esta ‘armadura’.

Fin del estado ruin del edificio de la Plaza Santa Ana de Valladolid, ese mismo que hace esquina con la calle Pasión y que es difícil que ningún vallisoletano recuerde sin andamiaje. Difícil porque tras años y años de ‘armadura’, en medio de un conflicto de herencias, compras, ventas y dimes y diretes, parece que por fin la estructura lucirá de manera normal y corriente, al menos desde la calle. Y lo hará casi en el mejor momento posible, para no deslucir la Semana Santa que ya está a la vuelta de la esquina.

 

De esta manera, este jueves ha comenzado el desmontaje definitivo de todos estos andamios que rodean la parte exterior, poniendo punto y final a una historia que viene de lejos. Un alivio, tal y como ha reconocido el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, a Tribuna de Valladolid. “Me alegro de que finalmente se quiten, porque suponía hasta un riesgo al obligar a los peatones a cruzar con poca visibilidad”.

 

Los últimos años han sido un auténtico desfile de trampantojos, de metal y de ‘disimulos’ para mostrar el aspecto real del edificio, donde en principio habrá hasta diez viviendas residenciales que están pendientes de venta. Por fin, el edificio podrá catalogarse como uno más de Valladolid, y es que este fue un caballo de batalla que dejó por terminar León de la Riva antes de marcharse de la Alcaldía, si bien es cierto que dejó los trámites bien avanzados.

 

“Mérito nuestro no es nada”, dice Saravia, en referencia a su equipo de Urbanismo y a su labor, dando crédito a la anterior gestión del equipo de Gobierno. Así las cosas, la idea es que pueda empezar a vivir gente en estos pisos para principios de 2017, pero la Plaza de Santa Ana ya puede presumir de haber recuperado parte de su normalidad... veinticinco años después.