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Fermín Herrero augura la desaparición de la provincia de Soria sin "solidario y sostenido apoyo institucional"

El poeta transita por la belleza, el sistema político, el "tesoro" literario de la Comunidad y el castellano para desembocar en la poesía.

El poeta soriano Fermín Herrero ha augurado este miércoles la desaparición de la provincia de Soria en caso de no mediar "un solidario y sostenido apoyo institucional".


En su discurso con motivo de la entrega de los Premios Castilla y León 2014, acto institucional con el que se conmemora, este jueves, el Día de la Comunidad, Herrero ha rendido homenaje a su Soria natal en el momento de referirse a su creación poética, "mi docenilla larga de libro de poesía", elaborada a partir de palabras "que vienen de un lugar olvidado, sumido en la condena del abandono".

"De no mediar un solidario y sostenido apoyo institucional, más temprano que tarde la provincia de Soria desaparecerá como tal", ha lamentado el poeta, quien ha situado sus orígenes en "el alto llano numantino y machadiano", una comarca "con menos densidad de población que el desierto del Sáhara".

Sus palabras, además de conformar poemas, son "una llamada de socorro" para su tierra aunque, ha confesado, el SOS supone tirar piedras contra su propio tejado. "Allí, con la naturaleza apenas mancillada por el hombre, sin mundo, la poesía está, anda suelta".

La poesía ha sido, precisamente, otra de las protagonistas de la intervención del Premio Castilla y León de las Letras 2014, quien ha invitado a los castellanoleoneses a "enorgullecerse" de su "tesoro" literario, engrosado por tres premios Cervantes y por el zamorano Claudio Rodríguez, a quien se ha referido, sin nombrarle, como "un poeta crucial, decisivo para la lírica española contemporánea" antes de glosar los primeros versos de su 'Don de la Ebriedad'.

"Si otras regiones, no digamos las que se autodenominan de manera agresiva nacionalidades, tuvieran este tesoro nos zumbarían los oídos hasta en la Meseta. Y nunca está de más nuestra proverbial mesura, pero como castellanoleoneses deberíamos enorgullecernos, mimar, escuchar a los que guardan la llama de lo sagrado, potenciar a estos creadores impares para intentar silenciar el ruido procedente de los aparatos y el poder letal de las nuevas tecnologías".

Herrero ha comenzado su discurso con una sentencia condenatoria para el mundo --"no tiene solución o es muy improbable, a mi juicio, que la alcance"-- y con la absolución para el sistema político --"no hay alternativa preferible conocida al Estado de Derecho que nos hemos dado (...) Este sistema de convivencia es el mejor dentro de lo malo: lleva en sí la devaluación, si no la aniquilación, del espíritu"--.

ESTÉTICO versus MATERIAL

El actual sistema "sacrifica" lo estético y lo sublime para "regodearse solo en lo material", según el poeta soriano, quien ha advertido de que una sociedad que dependa "del espectáculo y de los índices de audiencia, entregados, por no necesitar ningún esfuerzo intelectivo, a lo frívolo, a la ordinariez, la zafiedad y la alienación", estará, a la larga, "perdida".

"Es imprescindible, en consecuencia, que no dejemos que la muerte, aunque seamos sus rehenes, reine sobre nosotros, que el nihilismo gobierne nuestros actos", ha defendido antes de apuntar al "deber íntimo de religarse a lo numinoso" y de recordar la deuda con la belleza, cuya presencia es "indudable" en el mundo de la creación.

Tras confesar que se "dio" a la poesía fruto de sus posibilidades para "traspasar el tiempo" y prolongar el instante "hasta la trascendencia", Fermín Herrero ha destacado la "ejemplaridad" del resto de premiados en otras profesiones, lo que es "válido" siempre que, ha precisado, "no sea onerosa para el vecino ni, naturalmente, para el bien público".

La belleza y la verdad aportan "protección y cuidado" a un mundo cuyo arreglo pasa "por empezar en carne propia, sin arrogarse a superioridad moral alguna, para después, a ser posible, salirse mediante la bondad de uno mismo y darse a los demás".

"Por ahí podría empezarse en la búsqueda del sentido salvífico: por la defensa de lo menudo, de lo efímero, de lo frágil. Luchar también contra la pérdida de la memoria, que sostiene el hilo que nunca debe romperse, el de la tradición, para vislumbrar, siquiera sea de paso, el punto medio de la sabiduría. Hasta llegar al misterio más grande que engendra nuestra conciencia: el amor".

Las palabras "viejas" de Castilla, a las que ha declarado su amor por su sabor "auténtico y verdadero", con las que se configura una sintaxis "implícita y seca" que procede "de una civilización campesina a punto de finiquitarse", le han servido, reunidas en el poema 'Catastro', incluido en la obra 'El tiempo de los usureros', para poner fin a su intervención:

"Donde amapola, di ababol, y, si se puede, cardo. Y al vino, vino. Donde collado, altozano o alcor, otero, escribe llanamente cerro, alto o cuesta, loma. No digas lo que nunca se dijo, lo que no se dice en tu pueblo. Más vale mayo frío, la paja poca y el trigo mucho. No impongas a la tarde la añoranza si es falsa o aprendida, anota simplemente el silbido del viento en los linares. No recuerdes la muerte aunque te tenga, piensa que de tanta mies se emboza el peine cada día, que eres este momento. Y al vino, vino, sólo la miga, el tuétano. Tampoco hables más de la infancia para embaucar al olvido, precisa simplemente la orfandad del muérdago en el hayedo. Más vale mayo frío. Si tempero, arraigas; si membrillo, aromas; si cierzo, tiritas. Di berro, ortiga, di bálago, acebal. No niegues la palabra amor, tampoco entrega, ni prodigio, ni tú. Ahora bien, antes de escribirlas, hazlas".