Éxito en el ruedo y en los tendidos; el toreo y la solidaridad triunfan en el festival de La Flecha

Juan José Padilla en un desplante ante su novillo en el festival de La Flecha.

Cerca de 3.000 personas disfrutaron del triunfo arrollador de Juan José Padilla, del empaque de Finito y del clasicismo de Miguel Abellán y César Jiménez. 

El éxito del Festival Taurino de La Flecha no solo fue en el ruedo, también se triunfó en los tendidos. Y es que cerca de 3.000 personas se dieron cita en este festejo benéfico que recaudó fondos para la Fundación Banco de Alimentos y las asociaciones de Diabéticos y Celiacos. Con el éxito económico ya asegurado, los diestros no querían ir a la zaga.

 

Con una, en general, buena corrida de Castillejo de Huebra triunfaron Padilla, Abellán y César Jiménez, quienes pudieron toda la carne en el asador, especialmente el pirata quien se dejó hasta el último resuello para agradar a los aficionados –por cierto muchos jóvenes- que cubrían gran parte de los tendidos de la cubierta de La Flecha.

 

Falló con el rejón de muerte Diego Ventura, que fue con un manejable novillo más Diego que nunca. Con Fino ajustó en banderillas y Ritz hizo que los quiebros fueran imposibles. Remate sirvió para las banderillas cortas e incluso las rosas, de sus paisanos los hermanos Peralta, pero marró en la suerte suprema y el triunfo se escapó. Era tan solo un festival, pero el disgusto de Ventura fue de órdago.

 

 

Finito de Córdoba dibujó lo más artístico de la tarde. Se meció con el capote, y ya con la franela logró algunos bellos muletazos, aunque la faena no fue maciza, porque el Castillejo le faltó mucho fuelle. El de Córdoba se pasó de trasteo, pero fue en las series finales donde firmó un mayor empaque. Oreja.

 

Lo de Padilla y su ciclón es todo un espectáculo. Tres largas cambiadas, delantales, chicuelinas, tafalleras… Banderillas para el delirio de sus incondicionales, que son muchos, y un creativo trasteo con la franela, que quizá no fue demasiado pulcro pero que hizo enloquecer a La Flecha. Enfrente tuvo un gran novillo, que repitió hasta la saciedad. La estocada tuvo su efecto y Padilla paseó dos orejas, con la bandera de pirata incluida.

 

Abellán y César Jiménez también quisieron sumarse a la fiesta y desorejar a sus enemigos. Cada uno en su estilo. Bien Miguel Abellán con la diestra ante un novillo codicioso; Jiménez –en labores de empresario con Por Naturales que organizaba el festejo- quiso exprimir a su colaborador oponente en ambas manos. Su esfuerzo tuvo premio.

 

Cerraba el atractivo cartel el entregado novillero Joaquín Galdós, quien pechó con el más desagradable del encierro. Puso voluntad el peruano e incluso algunos muletazos de mérito. Falló con el acero y se conformó con una oreja, en un triunfal festejo que demostró que el toreo y la solidaridad es un matrimonio bien avenido.

 

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