Este CB Valladolid es un cadáver que no puede ganar a nadie

Pitos en la grada para un equipo que deambula por la ACB sin ninguna sensación de mejoría. Con su derrota ante el Fuenlabrada (83-107) cierra la segunda vuelta hundido y solo aferrado a un milagro deportivo.

83 VALLADOLID (18+23+16+26): Rowe (13), Suka-Umu (12), Sanders (6), Cvetinovic (8), Haritopoulos (7) -cinco inicial-, Vilhjalmsson (5), Sinanovic (3), Andjusic (14), Johnson (15) e Iván Martínez (-).

 

107 FUENLABRADA (29+24+22+32): Daniel Pérez (20), Paunic (9), Vega (10), Panko (23), Diagné (10) -cinco inicial-, Vargas (4), Cabezas (-), Montañez (10), Feldeine (17), Arnold (-), Mejeris (2) y González (2).

 

Árbitros: Arteaga, Martínez Fernández y Sánchez Mohedas. No hubo eliminados.

 

Incidencias: Encuentro correspondiente a la decimosexta jornada de la Liga Endesa disputado en el pabellón Pisuerga ante 5.400 espectadores.

El comité de designación arbitral pensó que el partido CB Valladolid-Fuenlabrada iba a ser una batalla épica en esta insulsa ACB. Sobre el guión, el equipo local se jugaba buena parte de sus opciones de seguir vivo a costa de un teórico rival directo. Por eso, la presencia del internacional Arteaga le daba al duelo un toque de especial interés. Pero cuando el que más se juega sale arrastrado a la pista, poco más se puede hacer. Este CB Valladolid es un cadáver sentenciado que no puede ganar a nadie y cuyo tránsito por la Liga ACB en esta campaña es un auténtico sinsentido.

 

La derrota certifica una defunción deportiva solo pendiente del entierro. Un milagro de esos que se guarda el deporte puede salvar esta humillante temporada. Queda una segunda vuelta por delante con más partidos en casa, pero poco puede esperarse de una plantilla incapaz de competir y plantar cara ante un enemigo de los tuyos.

 

Y el problema no está en Ricard Casas. Quizá es el foco más expuesto para el castigo pero los gritos que pidieron su dimisión bien podrían estar dirigidos a un palco incapaz de dar forma a un proyecto desde los cimientos de una seguridad económica que permita transitar por la competición con dignidad. Si se hizo una plantilla con 450.000 euros de presupuesto para poder cumplir esos pagos y estamos como estamos, incumplimiento tras incumplimiento, poco se puede pedir a un técnico que llegó apenas unos días antes de lanzarse el balón al aire de la Liga, sin pretemporada y fichando prácticamente a ciegas porque no había tiempo ni dinero.

 

Es evidente que a esta plantilla le hace falta un segundo base que oxigente a Rowe y un jugador alto capaz de postear con ciertas garantías. Quizá esos matices pudieran arreglar algo un equipo con jugadores impropios de esta Liga aunque sean capaces de camuflar sus números; pero no solo Suka o Vilhjalmsson. El propio Sinanovic es un lastre que no aporta; y así con muchos más que se arrastran sin capacidad de reinvindicarse. Ese era el reto. Fichar barato en un mercado de exposición para el futuro. Pero los jugadores no han sido capaces de interpretar que Valladolid podría ser una rampa de lanzamiento para su posicionamiento deportivo y pocos, muy pocos, tendrán la oportunidad de continuar en la ACB. 

 

¿Y el club? Ese es el problema. El CB Valladolid puede estar en ACB o LEB, pero debe ser capaz de diseñar un proyecto que tenga unos mínimos soportes económicos. Con o sin patrocinador principal. Mejor con, pero también con todos los ingredientes necesarios para sustentar un club profesional empezando por su masa social. Lo preocupante no está en no llenar el pabellón aunque regales 1.000 entradas. Preocupa más esa apatía de dar por zanjado el asunto: los gritos de disconformidad apenas duran un suspiro.

 

Humillante trasiego para el peor CB Valladolid de la historia o de los últimos veinte años. Es curioso como este equipo ha sido capaz de ganar al Cajasol, Río Natura y haya estado cerca de cazar victorias en Murcia o Manresa. Sin ADN defensivo, con un ataque totalmente deslabazado que mezcla momentos de lucidez con otros de histeria. Pero, fundamentalmente, sin hambre por ganar o con la sensación de estar entregado a su suerte.

 

La culpa no está en Casas. Por lo menos totalmente en Casas. Juzguemos al técnico cuando tenga los medios mínimos para poder trabajar en condiciones. De momento, la banda no tiene ni instrumentos.