Érase una vez una Semana Santa mágica y solemne que se celebraba en Valladolid

Hasta diez desfiles procesales han decorado el Jueves Santo en toda la ciudad, en una jornada marcada por el sol, las temperaturas frescas y la ausencia total de nubes en el cielo.

La Semana Santa de Valladolid hay que verla para vivirla. Silencio y solemnidad a partes iguales. Y es que la Pasión se encuentra en plena ebullición a orillas del Pisuerga, lo que significa que estos días la ciudad se transforma en un lugar mágico, casi hipnótico. Las calles abarrotadas hacen un claro contraste con el mutismo de las procesiones, a cada cual más impresionante.

 

No había más que darse una vuelta por casi cualquier vía del centro para comprobarlo. Y es que este Jueves Santo no quería quedarse atrás respecto a lo visto en anteriores días. Al contrario. Cuando la amenaza de lluvia se queda en una posibilidad prácticamente nula, como fue el caso, es casi imposible que una Semana Santa en Valladolid no termine con la calificación de sobresaliente.

 

Rojo, verde, marrón, azul claro, oscuro, morado, negro. Cruces de madera, de metal, velas, cornetas, tambores. Y esculturas. Muchas esculturas. No podía ser de otra manera con hasta diez desfiles procesales -los nueve de la tarde y noche se unían al matinal del Cristo de la Luz- en una jornada que bien podría caber en los libros de historia como una de las mejores Semanas Santas de España, hasta que alguien demuestre lo contrario.

 

Al comienzo de la tarde, después del protagonismo del Santísimo Cristo de la Luz por la mañana, era el momento de la Penitencia y Caridad con el 'Santísimo Cristo de la Preciosísima Sangre' y el 'Cristo de la Luz a María' saliendo de San Martín junto a la 'Quinta Angustia'. Pero era solo el comienzo.

 

'La Sagrada Cena', 'La Amargura de Cristo', 'Las lágrimas de San Pedro', el 'Santísimo Cristo de la exaltación'... Procesiones con tallas de Gregorio Fernández, Miguel Ángel Tapia o Francisco Fernández que dejan muy a las claras que, si hay algo que no se puede poner en duda, es que en cuanto a figuras Valladolid está en la elite.

 

Al mismo tiempo que comenzaba a caer el sol en la ciudad los capirotes iban desfilando hacia la Catedral, era el turno de que hasta cinco cofradías se reunieran para realizar la estación de penitencia ante en Santísimo. Una especie de aviso de lo que tendría lugar en una noche que solo acababa de comenzar, siempre con el respeto y la solemnidad como bandera.

 

Bien entrada la noche fue el turno de la Procesión de la Peregrinación del Silencio con su 'Cristo de la Agonía', para después dejar paso a las tallas de 'La Oración del Huerto'. El 'Cristo Yacente' de Gregorio Fernández, a manos de la Cofradía del Descendimiento y el Santo Cristo de la Buena Muerte, junto a la procesión del 'Verum Corpus' cerraron una jornada para recordar. Este viernes más, quién sabe si mejor.

El Cristo de la Preciosísima Sangre con la Antigua al fondo. A.MINGUEZA
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