Entre goles y olés

El público del coso de Zorrilla coreó el gol que adelantaba a los pucelanos en Sevilla, poco antes de que sonarán rotundos los olés al toreo de Manzanares

La tarde dominical y festiva en Valladolid se jugaba en el albero del coso de Zorrilla y se toreaba en el césped del Benito Villamarín, a orillas del Guadalquivir, a más de 600 kilómetros del Pisuerga. Entre los olés a los naturales de Manzanares iban cayendo los goles –a favor y en contra- del Pucela. Y es que los blanquivioletas se jugaban la vida tanto o más que los tres diestros que hacían el paseíllo en el coso vallisoletano.

 

Por eso la tarde fue de transistores. Auriculares en oreja, ocupando su burladero, el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, que iba retransmitiendo el partido a sus compañeros de localidad. Cuando la tarde languidecía en lo taurino, media plaza cantó el gol de Javi Guerra, especialmente el tendido joven, con más de un millar chavales que, gracias a la iniciativa de Aula de Jóvenes Taurinos y Valtauro, permitió a los menores de 25 años asistir al festejo por doce euros.

 

Todos nos las prometíamos felices pero el empate cayó como un jarro de agua fría justo en el momento en el que el toreo caro de Manzanares hizo quebrar los cimientos de la centenaria plaza del paseo de Zorrilla. Ajenos a los vaivenes del Pucela, los ex ministros Manuel Aceves y José María Michavila se acomodaban en el callejón junto al empresario, Victoriano Valencia, suegro de Ponce. Antes, los populares se fundían en un eterno abrazo con el torero de Chiva.

 

Tarde pues para recordar: emocionante en lo taurino y de infarto en lo futbolístico, con dos finales muy diferentes: Manzanares, por la Puerta Grande; el Pucela, por la de la enfermería.