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El Valladolid suda sangre en Vallecas para morir en la orilla (3-1)

La expulsión de Guerra al comienzo de la segunda mitad, que hizo el primero de la noche en el 27, marcó el partido. Adrián empató antes del descanso, hizo el segundo del Rayo en el 86 y Bueno puso la puntilla en el descuento.

Ficha técnica:

 

3 - Rayo Vallecano: Cobeño; Arbilla (Mojica, m.43), Gálvez, Zé Castro, Nacho; Saúl, Baena (Bueno, m.68); Embarba, Adrián, Iago Falque (Lass, m.58); y Nery Castillo.

 

1 - Valladolid: Jaime; Alcatraz, Peña, Marc Valiente, Bergdych; Ebert (Víctor Pérez, m.58), Baraja, Sastre, Larsson (Oscar, m.58); Manucho (Osorio, m.63) y Javi Guerra

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Goles: 0-1: M.27 Javi Guerra; 1-1: M.31 Adrián; 2-1: M.87 Adrián; 3-1: M.92 Bueno.

 

Árbitro: Estrada Fernández (Colegio Catalán). Amonestó a Saúl (m.37), del Rayo Vallecano; y a Manucho (44), Alcatraz (49) y Ebert (50), del Valladolid. Expulsó con roja directa a Javi Guerra (m.47).

 

Incidencias: encuentro correspondiente a la vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, disputado en el estadio de Vallecas (Madrid), ante 5.133 espectadores.

No pudo ser y el Real Valladolid quedó apeado de la Copa del Rey a manos del Rayo, merced de un 3-1 en Vallecas tras el 0-0 de la ida. El Pucela se puso por delante con un tanto de Javi Guerra, pero Adrián empató antes de terminar la primera parte. La segunda comenzó con la tonta expulsión del propio Guerra, aunque el Valladolid consiguió aguantar hasta el 86 con uno menos. Fue entonces cuando Adrián hizo el 2-1 en un córner y Bueno sentenció en el añadido con todo el pescado vendido.

 

En un partido que al final se pudo considerar intenso, la primera parte no pasará precisamente a la historia como la más entretenida del torneo del KO. Exactamente igual que en el choque de Liga disputado en octubre, los primeros cuarentaicinco minutos estuvieron marcados por la ausencia de ocasiones, y de la misma manera el Pucela se adelantó en la primera clara que tuvo.

 

Tras unos primeros compases de tanteo, sin dominio claro y con Larsson perdido en la izquierda merced del experimento de JIM, el Pucela comenzó a hacerse con la posesión del balón. Pero no, las ocasiones no llegaban. Sin duda, el problema más claro de este Valladolid la presente temporada, al que le cuesta un mundo crear oportunidades. Pero había un hombre que se llamaba Javi Guerra. Y cuando se está en racha no se necesita más que una ocasión para mandarla adentro.

 

Corría el minuto 27 de un choque soso cuando Ebert puso al corazón del área un córner, Sastre la pegó con el alma y Cobeño respondió prodigiosamente, pero con un mal despeje. Ahí estaba el delantero para cazar el rechace y mandarlo al fondo de las mallas, al más puro estilo Raúl. Poco le duró la alegría al Pucela, ya que el Rayo no quiso ser menos y Adrián puso las tablas en la primera de su equipo unos minutos después. Centro desde la derecha, nadie en el segundo palo para cubrir y para adentro de cabeza. Fácil.

 

Así se llegó al descanso con poca trascendencia en los quince minutos restantes. Un par de amarillas para Saúl y Manucho por romper la tónica de un partido que estaba siendo bastante limpio y a vestuarios. El Pucela tomaba ventaja en la eliminatoria.

 

La segunda mitad fue otro cantar, con Guerra pasando de ángel a demonio. El malagueño, a los dos minutos de retomar el juego, zancadilleó a Gálvez sin el balón en juego y el linier le cazó. Roja y a la calle.

 

Comenzó entonces el acoso y derribo de un Rayo que, todo hay que decirlo, pecó de impulsivo. Consciente de que solo necesitaba un gol se echó arriba con todo para buscarlo, pero las constantes llegadas de Lass, Nery Castillo y Embarba se quedaban en nada o en las menos de Jaime.

 

Parecía que el Pucela podía salir vivo de Vallecas cuando Alcatraz regaló un córner tonto. Y puestos a hacer las cosas mal, la defensa del Valladolid decidió que era buena idea dejar a Adrián solo en el punto de penalti. Casi ni tuvo que saltar. Puso la cabecita y para adentro, con un Jaime impotente. Nadar para morir en la orilla, que se suele decir.

 

Pero faltaba la puntilla, el golpe de gracia, que tenía que darlo Alberto Bueno. Tras un remate defectuoso de un compañero, se quedó solo de casualidad ante el portero y le batió por bajo. Adiós Copa para el Pucela. Solo queda pensar en Cornellá antes de comerse el turrón.

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