El toreo de Luguillano y Leandro aderezado con la voz de India Martínez, Pitingo y la Joven Orquesta

Poco público en la cubierta de Arroyo para presenciar el espectáculo taurino y musical Tronío y Trinchera, a baneficio de Aspaym. Leandro cortó cuatro orejas y Luguillano paseó tres.

No faltó nadie a la cita benéfica con Aspaym. Allí estuvieron presentes los diestros David Luguillano y Leandro Marcos, la Joven Orquesta Sinfónica de Valladolid y los artistas Pitingo e India Martínez. Unos haciendo música, los otros interpretando el toreo. No falto nadie, o casi nadie: porque se echó en falta mucho más público.

 

Tan sólo medio millar de espectadores se dieron cita en la cubierta de Arroyo para vivir un espectáculo único en el que se conjugaron el arte de la música: la clásica y el flamenco; y el toreo con la personalísima tauromaquia de Luguillano y Leandro. Todo ello por una buena causa.

 

La tarde noche arrancó con piezas de Mozart y Salieri en los instrumentos de la Josva. Las voces de India Martínez y Pitingo, con su flamenco renovado, hicieron las delicias del escaso público asistente, que tras este concierto pudieron disfrutar con una corrida de toros muy especial. Tan especial que hasta Luguillano, en ese mano a mano con el otro diestro de la tierra, Leandro, optó por unas inhabituales y extrañas medias negras, en sustitución de las tradicionales de color fucsia.

 

Cuando se rompió el paseíllo, el subalterno Vicente Yangüe Chano, que un percance taurino le ha postrado en una silla de ruedas, recibió una placa conmemorativa.  En lo puramente taurino, los dos vallisoletanos mostraron su voluntariedad, y en muchos pasajes su buen concepto del toreo artístico, ante una manejable corrida de Torehandilla, aunque muy justa de fuerzas y en muchos casos descastada.

 

Luguillano, que mató por derecho a sus tres enemigos, no se acopló en el primero, dejó detalles de su concepto en su segundo, especialmente en una serie sobre la mano derecha y en el recibo capotero (una oreja) y se pegó el arrimón en el que hacía quinto, el más complicado de todo el encierro. El público, muy cariñoso, premió la voluntad y algunas buenas tandas con las dos orejas.

 

Leandro, que venía de Sevilla donde no tuvo suerte ante los de Cuadri, empezó apretando fuerte y logrando los dos trofeos de su primer enemigo por una faena pulcra, aderezada con el cante, como toda la noche, por Pitingo e India Martínez. Basó la faena del cuarto sobre la mano izquierda, ligando buenas series. Falló a espadas y saludó desde el tercio. En el último, India Martínez se arrancó por Camarón junto a la Orquesta, y Leandro se animó con una faena de valor, aguntando por ambos pitones. Estocada efectiva y el vallisoletano paseó los dos trofeos.

 

En definitiva, una tarde artística y muy musical. Con duende en el ruedo, pero también sobre el escenario de esta plaza de toros multiusos de Arroyo la Flecha. Qué pena que el número de espectadores fuera tan escaso. Quizá los casi 50 euros por localidad frenaron a más de uno.