El temple de Castella, el empaque de Manzanares y la pinturería de Morante

Sirvan estas imágenes audiovisuales para resumir la primera de la miniferia de San Pedro Regalado, en lo que lo más destacado fue el triunfo del francés.

El viejo coso de Zorrilla prácticamente se llenó para presenciar la primera de la mini feria en honor a San Pedro Regalado, patrón de Valladolid y de los toreros. Hacían el paseíllo tres de los diestros mandones del escalafón y dos de los consentidos de la afición vallisoletana: Morante de la Puebla y Josemari Manzanares. Completaba el cartel el francés Sebastián Castella quien, a la postre, fue el triunfador.

 

La tarde de expectación no fue de decepción porque Castella salvó los muebles cortando una oreja a cada uno de sus enemigos, echando mano de oficio y de temple, dos cualidades que –junto al valor seco- están haciendo de esta una temporada redonda para el galo. Manzanares, que se llevó un recuerdo en forma de un volteretón sin consecuencias, se justificó en el tercero en una elegante faena basada en el pitón derecho el más potable del Vellosino. Una oreja fue el premio.

 

Morante pasó por Valladolid con más pena que gloria, aunque dejó detalles de pinturería y de aroma a toreo viejo en dos o tres lanzas con la capa y tres o cuatro naturales. Pero enfrente no tuvo materia prima, la blanda corrida de Vellosino, que rozó la invalidez dio al traste con las opciones de un triunfo mayor de la terna.