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El Tamagotchi, el juego de muchas infancias

Antes del Pokémon Go, también hubo juegos altamente adictivos. El Tamagotchi tuvo su gran época a principios del 2000 pero ahora ya nadie se acuerda de ellos.

El Tamagotchi es ese aparato pequeñito que ha tenido en la mano todo niño nacido en la década de los 90. El dispositivo con forma de huevo creció rápidamente en éxito por su fácil uso, por la novedad que suponía y por lo adictivo que era, ya que había que estar constantemente pendiente del bicho. El juego tuvo sus años dorados a finales de los 90 y principio de los 2000, pero la mayoría de los vendidos han acabado al fondo del cajón, olvidados y sin pilas para evitar sus sonidos.

 

En una época en la que los niños jugaban a la Game Boy, a los tazos o incluso a la primera PlayStation, el Tamagotchi arrasó en los hogares y en los patios de colegio, convirtiéndose en un auténtico fenómeno viral y social que llegó a ser bastante envidiado por aquellos que no tuvieron uno encima.

 

Para los padres, la irrupción en el mercado de este aparato fue como un soplo de aire fresco: no era tan caro como una consola, no requería comprar juegos constantemente y ayudaba a los niños con el tema de la responsabilidad, ya que se tenían que encargar de cuidarlo.

 

Para los críos, supuso poder unirse a la moda del momento sin mucha dificultad y disfrutar de una auténtica novedad, ya que hasta ese momento no se había conocido nada parecido, nada que con tan solo tres botones y un poco de atención pudiera dar tanto tiempo de diversión – o de estrés, según quien, que al final muchos de los niños dejaban de jugar con tal de no escuchar el famoso pitido que avisaba de que era la hora de comer –.

 

Durante todos los años que lleva en pie el aparato – casi 20 teniendo en cuenta que su aniversario es el 23 de noviembre – han salido a la venta más de 35 versiones de la máquina original en todo el mundo, a lo que se ha unido otro tipo de contenido o 'merchandising', como puede ser una serie de animación japonesa o una película.

 

ORIGEN Y ETIMOLOGÍA

 

En 1996, Bandai sacó a la venta la primera de estas máquinas en Japón. Diseñada por Aki Maita, se trataba de una mascota virtual a la que los niños tenían que cuidar, dándole de comer y mandándole a la cama, entre otras cosas.

 

El dispositivo tenía forma de huevo y contaba con tres botones – A para seleccionar, B para aceptar y C para cancelar – que permitían moverse por el menú y aprovecharse de las funciones que incluía la mascota. La pantalla del primer aparato era en blanco y negro pixelada, pero conforme han ido avanzando los años ha evolucionado, llegando a ser a color y con gráficos mejorados, si bien estos nunca han sido un factor vital para el Tamagotchi.

 

El término tiene un origen etimológico doble. Por un lado, procede de la palabra japonesa 'amago', que significa 'huevo'; por otro, de la palabra inglesa 'watch', 'reloj' o 'mirar', dependiendo de si la traducción es un sustantivo o un verbo. Esta nomenclatura se debe a la forma de la máquina y a que tenía un tamaño pequeño, apto para cualquier bolsillo, así como porque había que observar al bicho para cuidarlo.

 

LAS CLAVES DEL ÉXITO

 

Durante unos cuantos años, el Tamagotchi fue todo un indispensable para cualquier niño, al menos en España, donde la fiebre se extendió desde que aterrizó en el país y hasta 2004, cuando perdió todo su fuelle y empezó a ser un objeto de coleccionista más que otra cosa.

 

Hacer que los niños adoren algo durante años no es tarea sencilla y aquí es precisamente donde reside el mayor éxito de la máquina. El 'target' fundamental eran los niños de colegio, pero también se podía extender a otras franjas de edad. El caso es que en los patios de colegio, una de las máximas no escritas siempre ha sido 'culo veo, culo quiero', por lo que si un niño traía algo novedoso, los demás también tenían que tenerlo. Esto pasó con los tazos, los gogos, las peonzas, los yoyós y, sí, también con el Tamagotchi.

 

A esto había que sumarle que era más barato que una videoconsola, por lo que era más asequible para todos los bolsillos y más padres eran capaces de adquirir uno para sus hijos. Su tamaño también fue otro punto a favor, ya que a excepción de por los colores estridentes que tenía la máquina, no era para nada llamativo y se podía guardar en cualquier rincón o incluso esconderlo en la palma de la mano.

 

El grado de responsabilidad virtual que conllevaba tener un Tamagotchi también fue algo clave. Aunque muchos niños dejaran a su mascota morir – o la propia mascota decidía que había llegado la hora de su final -, en general el juego estaba pensado para enseñar, de forma divertida y amena, lo que es la responsabilidad, lo que es tener que cuidar de algo o alguien en tu día a día.

 

¿Y qué decir de la adicción al cacharrito? Quizá para un adulto el Tamagotchi no tenga nada de especial, pero en los ojos de un niño era algo más, había que superarse a sí mismo para que la mascota aguantara lo máximo posible. Primero había que verla nacer de un huevo, después cuidarla hasta que se hiciera mayor y luego sufrir con su abandono o muerte. Todo ello, ¿para qué? Muy sencillo, para volver a empezar, para volver a experimentar el nacimiento y su ciclo de vida con la perspectiva de que todo saldrá mejor que la vez anterior. Y si no salía mejor, otra vez se volvía al punto de partida. Esta es la verdadera adicción de la mascota – también hay que sumarle, claro, la competencia con tus amigos en el colegio, algo importante a la hora de no desistir y seguir criando al bicho –.

 

El Tamagotchi logró algo inédito: enamorar al público, ya fuera chico o chica, de cualquier lugar, adaptándose a la mayoría de los bolsillos y ofreciendo cientos de horas de entretenimiento muy sencillo de usar.

 

DE LA POPULARIDAD ABSOLUTA A LA CAÍDA

 

Todo en esta vida tiene su fin o, al menos, su caída. En occidente, el Tamagotchi tuvo su lugar importante en el mercado hasta más o menos 2008, aunque en España puso fin a su era años antes, el 2004.

 

El punto álgido de estas mascotas electrónicas fue en 1999, cuando alcanzó la cifra de unas 40 millones de unidades vendidas. Raro era el niño que no tuviera uno y más extraño aún aquel que no quisiera tener en sus manos el aparato.

 

El descenso comenzó cuando en los colegios comenzaron a prohibirse. Como cada vez más y más niños contaban con un Tamagotchi que se llevaban a clase para jugar en el recreo, los pitidos habituales para dar de comer a la mascota, entre otros, se hicieron más y más fuertes e incómodos. Había trucos para ponerlo en silencio o en pausa, pero no era lo mismo y los niños no lo querían dejar en casa por si moría y tenían que empezar de nuevo.

 

La fiebre de la responsabilidad virtual, de superarse a sí mismo, de ser más fuerte que la máquina, también empezó a caer. La generación del 'boom' del Tamagotchi empezó a hacerse mayor, a dejar las aulas del colegio para llegar al instituto y esto supuso muchos cambios en la dinámica de sus vidas. La prioridad de estar pendiente del dispositivo cuando sonaba pasó a un segundo plano: cada vez eran más y más niños los que enterraban el Tamagotchi en el fondo de un cajón o le quitaban las pilas para que parar de hacer ruido, olvidándose de su existencia.

 

Aunque el Tamagotchi se fue renovando, llegando al mercado con modelos diferentes en los que se incluían más opciones, mejores gráficos, nuevas evoluciones o incluso mini-juegos, la era tecnológica avanzaba aún más. Las generaciones posteriores – o incluso esos mismo niños del apogeo – veían cómo llegaban al mercado nuevos productos más atractivos a los que acompañaban modas con mucha fuerza por todo el mundo, por lo que la adorable mascota se fue quedando atrás.

 

¿EL FIN DEL TAMAGOTCHI?

 

A pesar de que el Tamagotchi como tal ha desaparecido prácticamente, el concepto de mascota virtual sigue estando muy presente en la sociedad. El mismo avance de esas tecnologías ha permitido que la esencia se traslade a otras plataformas o ideas, como son las 'apps' para móviles como Pou: algo más novedoso, más adaptado a los tiempos modernos, pero con esos detalles que en su momento encandilaron a niños de todo el mundo.

 

De hecho, la propia Bandai se ha adaptado a los cambios, poniendo a disposición del público una aplicación oficial de Tamagotchi para móviles Android o iOS.

 

Aún así, la compañía no se ha rendido y sigue sacando a la venta máquinas (sobre todo en EEUU y Japón) que cuentan, incluso, con mensajería instantánea junto con nuevos y mejorados personajes, ampliaciones de contenido, nuevas etapas de vida, más evoluciones, pantallas más grandes, infrarrojos, etc.