El Supremo no admite el recurso del feriante condenado en Valladolid por agredir sexualmente a su sobrina

El Tribunal Supremo ha inadmitido el recurso de casación interpuesto por el feriante y vecino de Santovenia de Pisuerga (Valladolid) J.M.M.S. contra la condena de la Audiencia Provincial que le impuso un total de catorce años de prisión por un delito continuado de agresión sexual que su sobrina sufrió desde los 6 hasta los 9 años.  

La sentencia condenatoria, que es por tanto firme, incluía la prohibición del condenado de acercarse al domicilio de la víctima por espacio de cinco años y, en concepto de responsabilidad civil, el pago de una indemnización de 20.000 euros por los daños y perjuicios causados, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

 

La sentencia es prácticamente coincidente con la petición formulada por la acusación pública. Por su parte, la acusación particular había pedido quince años y 30.000 euros, mientras que la defensa, ejercida por el letrado Marcos García Montes, había mantenido su pretensión absolutoria.

 

Los hechos se remontan al periodo comprendido entre 1996 y 1998 y tuvieron por escenario, fundamentalmente, Santonvenia, donde residen las partes implicadas, Valladolid capital y otras localidades, aunque los mismos no fueron denunciados por la menor hasta 2010.

 

En la denuncia presentada y ratificada en el acto del juicio oral por la joven, hoy con 23 años, la denunciante mantuvo que su tío la obligó durante años a someterse a tocamientos y a practicar con él sexo oral, hasta que el procesado la penetró vaginalmente y la desvirgó, relato que el aludido, rechazó de plano y atribuyó a envidias relacionadas con su negocio de feriante.

 

EN SECRETO HASTA LA MUERTE DE LA MADRE

 

Aunque lo ocurrido fue comunicado por la víctima a su madre, hermana del acusado, la progenitora la obligó a mantenerlo en secreto, hasta que finalmente esta última, en el lecho de muerte, la dio permiso para desvelar la dramática situación que había tenido que soportar entre los 6 y 9 años. Incluso su abuelo materno, tal y como algunos testigos relataron en el juicio, la había recordado la obligación de no ser "chivata" y la había amenazado con "matarles y quemarles la casa si lo denunciaban ante los payos".

 

Hasta entonces, y para justificar el tratamiento psiquiátrico que la niña había recibido, la familia se inventó que el origen de los desarreglos psíquicos de la menor tenían su origen en un accidente de coche supuestamente ocurrido en Aranda de Duero (Burgos).