El suelo de la Catedral de Valladolid clama al cielo por ayuda divina... o no tan divina

El vicario, Luis Argüello, asegura que una posible renovación, que no se intuye cercana, depende en parte de Patrimonio y de las instituciones públicas para cuidar los Bienes de Interés Cultural.

Noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección, Vigilia Pascual en la Catedral de Valladolid. Tras un pequeño tropiezo, que podía no haber sido tan pequeño, una mujer de unos cincuenta años suspira en voz alta vela en mano. “¿Cuándo arreglarán este suelo?”. Una pregunta que se hacen dentro del seno de la propia iglesia, impaciente por contar con una partida que permita renovar la maltrecha superficie.

 

Y es que no hay más que darse un paseo por el antiguo edificio proyectado por Juan de Herrera para darse cuenta de que las baldosas no pasan precisamente por su mejor momento. Resquebrajadas y levantadas en muchos puntos, suponen cierto peligro para aquellos los fieles habituales o, sin ir más lejos, para aquellos turistas que llegan fin de semana tras fin de semana.

 

“Se puede decir que la Catedral está permanentemente en obras, por ejemplo ahora se está arreglando el tejado de la sacristía”, explica con cierta preocupación el vicario general de la Diócesis de Valladolid, Luis Argüello. “Hay unas prioridades, lo del suelo estamos con ello, pero hay que ver informes de Patrimonio para ver lo que se puede y no se puede hacer. Cubiertas, iluminación, el Museo y por supuesto el suelo. Son cosas puestas sobre la mesa”.

 

Y es que las grietas del suelo parecen un peligro latente para los visitantes, pero que  tendrán que esperar a financiación o de diferentes vías, que podrían llegar  bien de la Asociación de Amigos de la Catedral o del convenio con el Ayuntamiento de Valladolid. Ahí es donde entra el hecho de que el enorme lugar sea Bien de Interés Cultural.

 

“La Iglesia tiene montones de templos y hay que distribuir los fondos entre unos y otros. Entre edificios eclesiásticos y civiles hay decenas, por eso muchas veces hay que arreglar lo indispensable”, sigue Argüello, consciente de que una posible reforma de suelo no se plantea precisamente cercana.

 

“Por eso digo que ahora estamos con el tema de las cubiertas, porque si arreglas el suelo pero tienes goteras o se te cae el techo...”. Vamos, que lo primero es lo primero, por no hablar de que el visto bueno de Patrimonio es algo fundamental para un edificio histórico. Y hay más intrahistoria, claro.

 

“Con estos temas siempre está la polémica, en forma de donaciones a la Catedral, las aportaciones de bienes... En ocasiones es imposible hacer las cosas”, recuerda el vicario. A más de uno le vendrá a la mente el famoso ascensor de la Catedral, que costó según el Ayuntamiento de Valladolid unos 600.000 euros, pero que no podían invertirse en otra obra al tratarse de un dinero que correspondía a la Asociación de Amigos de la Catedral.

 

“Al final cada persona ve lo que experimenta, y si se te cae encima de la cabeza un cacho de yeso... Solo ahí es cuando intervienen las administraciones públicas, como cuando ocurre en algún pueblo”, concluye Argüello, quien tampoco pierde la esperanza de que el suelo de la Catedral vea un futuro mejor. Pero para ello tendrá que esperar a ayuda divina... o no tan divina.

Una de las partes afectadas en el firme de la Catedral. A.MINGUEZA