El soul llora la muerte de Amy Winehouse después de 5 años

Apareció muerta a los 27 años, el 23 de julio, sola en su apartamento del Candem Town londinense por una intoxicación etílica.

No pasaba Amy Winehouse por un buen momento en la primavera de 2011, cuando protagonizó aquel tristemente célebre 18 de junio un concierto en Belgrado (Serbia) en el que apareció en el escenario totalmente borracha y a todas luces incapaz para comandar el espectáculo con dignidad.

 

Aquel desastre, tachado de "desastroso" y "escandaloso", provocó la cancelación de toda su gira, que tenía prevista una parada en el Bilbao BBK Live Festival. Una actuación que nunca llegó a producirse como tampoco se produciría ninguna otra, pues Amy falleció a los 27 años poco después, el 23 de julio, sola en su apartamento del Candem Town londinense.

 

Echando la vista atrás, resulta descorazonador que nadie fuera capaz de ayudarla, pues la de Belgrado no fue su única actuación olvidable. Desde hacía tiempo, el mundo asistía a la degradación televisada del nuevo icono de la música británica, pero el trágico desenlace, del que se cumplen este sábado cinco años, resultó inevitable. Una despedida dramática para aquella niña que se aficionó bien pronto al teatro y que fundó una banda de rap a los diez años, tres antes de recibir su primera guitarra, con la que comenzó a componer opíparamente. Empezó a continuación a actuar en pequeños locales de Londres, hasta que llamó la atención de un ejecutivo de EMI que cazó su talento al vuelo.

 

Empezaba así una andadura musical de, todavía ahora, incuantificable influencia, que ayudó sobremanera tanto al revivalismo del soul como a la adoración de decenas de cantantes femeninas.  

 

De la unión de vida personal y excesos surgió el resultado de que su esperado tercer disco no llegara nunca. Sí sacó tiempo para participar en 'Duets II' de Tony Bennett, disco que tiene el dudoso honor de contener la última grabación de Amy Winehouse, registrada pocas semanas antes de su muerte por una salvaje intoxicación etílica. Llegaron después más premios, las habituales ventas millonarias de discos que suceden a los decesos y la transformación de estrella en leyenda icónica. En fin, el ruido de siempre.