El 'Señor Atado a la Columna' protagoniza el martes la Peregrinación de la Promesa

El Jesús atado a la columna, de Gregorio Fernández.

Esta bella talla de Gregorio Fernández (1619) recorrerá este Martes Santo las calles de Valladolid en la procesión de la Peregrinación de la Promesa

El Cristo, que será alumbrado por su cofradía titular, saldrá a las 22:30 horas desde la iglesia del Monasterio de Santa Isabel para recorrer las calles Encarnación, Doctor Cazalla, plaza de San Miguel, San Antonio de Padua, plaza de Los Arces y Gudamacileros hasta la iglesia de la Vera Cruz, donde recogerá el paso procesionado para continuar por Platerías, Fuente Dorada, Cascajares, López Gómez, plaza de la Universidad, plaza de Santa Cruz, Cardenal Mendoza, Velardes, San Juan, Verbena, Santa Lucía, Luis Braille, Gabriel y Galán y plaza de Rafael Cano, hasta la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, donde tendrá lugar la Renovación de la promesa.

 

El desfile regresará por Gabriel y Galán, plaza de Luis Braille, Santa Lucía, Verbena, San Juan, Velardes, Juan Mambrilla, Ruiz Hernández, plaza de la Universidad, Arzobispo Gandásegui, plaza de Portugalete, plaza de la Libertad y Macias Picavea hasta la iglesia de la Vera Cruz, donde quedará depositado el paso 'El señor atado a la columna'.

 

Esta escultura, una de las señeras de Gregorio Fernández, representa un excelente desnudo del cuerpo de Cristo que lleva un paño de pureza blanco atado al lado derecho con un amplio pliegue al vuelo.Los nazarenos de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna visten capa y túnica blancas, capirote y cíngulo azul celeste, guantes y calcetines blancos y zapatos negros con hebilla.

 

La Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna data de 1930, año en el que Remigio Gandásegui, prelado de Valladolid, encomendó a los congregantes de san Estanislao de Kostka y de San Luis Gonzaga el alumbramiento de los pasos de 'Flagelación del Señor', 'El señor atado a la columna' y 'Camino del Calvario'.

 

Esta sección disciplinante desfilaba con insignias y distintivos propios de la Congregación Mariana, hasta que en 1942 adoptaron el hábito actual. No obstante, al extinguirse las mencionadas congregaciones marianas, estuvo a punto de desaparecer pero, tras permanecer un tiempo en la Iglesia Penitencial de las Angustias, encontró acomodo definitivo en la Real Iglesia de San Miguel y San Julián, y con ello logró subsistir.