El rojo de San Fermín también tiñe Valladolid

La Casa de Navarra en Valladolid también celebró por todo lo alto el comienzo de San Fermín. JUAN POSTIGO

La Casa de la Cultura y Hogar Navarro de Valladolid también festejó el inicio de las fiestas pamplonesas, que dieron comienzo este lunes con el famoso chupinazo.

Poco más de 300 kilómetros separan Valladolid y Pamplona, pero este lunes estuvieron un poquito más cerca. ¿Por qué? Solo un santo podía obrar semejante milagro, y tuvo que ser San Fermín, claro. Se acercaba el mediodía y la tensión empezaba a notarse en la Casa de la Cultura y Hogar Navarro de Valladolid. “Llevamos treinta y pico años celebrándolo, casi cuarenta”, explica Ana María Escribano, su presidenta, a Tribuna, con el reloj ya marcando la cuenta atrás.

 

Todo está preparado en el pequeño reducto pamplonés de Valladolid. Cerca de veinte personas se congregan en torno a la televisión, en la que se puede ver el Ayuntamiento de la capital de Navarra. Apenas una cuarta parte del total de integrantes de la Casa, a causa de las vacaciones y que este año el Chupinazo haya tocado un lunes.

 

“Ya se sabe, entre que los jóvenes aprovechan estos días para ir para allá, que algunos trabajamos, que otros tienen casa allí”, sigue Ana, con un brillo en los ojos a pesar de todo. El espacio, donde se vislumbran banderas de Navarra con sus cadenas incluidas, luce más rojo que nunca mientras los más veteranos se anudan fuerte su pañuelo al cuello o a la cintura. Un retrato de Indurain, un busto de Gayarre y una Virgen de Nuestra Señora del Villar observan desde la pared.

 

“Es verdad que hay años que es difícil juntarnos muchos, pero es una tradición que hay que mantener, estemos cuatro o estemos cuarenta”, sigue Ana mientras se ajusta las gafas. “No sabes ni quién va a venir hoy, pero nosotros lo preparamos siempre igual. Al final se pasa quien puede. Lo importante es que las ganas y la alegría no las perdemos”.

 

Atención. Cuatro minutos para el Chupinazo. Hay que dejar de lado la conversación y poner la vista definitivamente en ese punto que está tan lejos pero a la vez tan cerca gracias a la televisión. Es la hora.

 

“Pamploneses, pamplonesas. ¡Iruindarrok, viva San Fermín, gora San Fermín!”, brama a los cuatro vientos Javier Aranegui, del Orfeón Pamplonés, desde el balcón del Ayuntamiento. Sin pensarlo dos veces, pañuelos rojos arriba en la Casa de Valladolid. Y de repente, ¡pum! El Chupinazo que da salida a nueve días de toros, carreras y alcohol. Los cánticos patrios no tardan mucho en aparecer.

 

“¡Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo...!”. Todo aquel que bajase de un autobús en la Estación situada en la calle San José, se preguntaría si había llegado a Valladolid o a Pamplona.

 

Lógicamente, tocaba remojar el momento. Champán, queso, chorizo y jamón para aquel pequeño reducto rojillo que vivía como podía la tradición de Iruña. “Menos mal que esta vez no ha habido cosas raras con los de Bildu”, inquirió la presidenta de la Casa Navarra recordando aquella enorme ikurriña que se desplegó en 2013, sin ser del todo consciente que, aunque discretamente colocada, sí había colgada una en uno de los mástiles del balcón. Hecho insólito hasta este 2015 y que ya ha sido recurrido por la Delegación del Gobierno.

 

Pero poco importaba en Valladolid. Era momento de celebración, jolgorio y risas, y es que San Fermín siempre será San Fermín, con o sin ikurriñas.