“El reto del nuevo Mercado del Val es que consiga reactivar la actividad comercial de la zona”

Los arquitectos José María Llanos y Juan Carlos Urdiain, responsables de la reforma del mercado del VAL. A.MINGUEZA

José María Llanos y Juan Carlos Urdiain, arquitectos al cargo del proyecto, consideran que una vez terminadas las obras en noviembre podría convertirse en un edificio emblemático de Valladolid.

LAS FRASES

 

"En principio el proyecto debería estar para mediados de octubre, pero puede llegar a noviembre"

 

"Al final lo prioritario de la obra es mantener la estructura de hierro, que es la original"

 

"El reto es que un mercado de 1882 siga funcionando en el siglo XXI"

 

"El hecho de que haya un supermercado en el sótano complementará a los comerciales de arriba"

 

"Confiamos en que al final acabe siendo un edificio emblemático de Valladolid"

Casi diez millones de euros de inversión y un año de trabajo, que en principio concluirá a comienzos de noviembre. Esfuerzo, sudor y cambio. Mucho cambio. Todo ello mezclado en una coctelera que terminará dando con un nuevo y a la vez antiguo Mercado del Val, valga la expresión. Y es que no se rehabilita un edificio de más de un siglo de antigüedad todos los días.

 

José María Llanos y Juan Carlos Urdiain tomaron el proyecto con la ilusión de convertir a base de tesón y buena arquitectura el espacio en un lugar emblemático para la ciudad, y que de paso reactive la actividad comercial del lugar. Por ahora, el proyecto marcha viento en popa.



¿En qué punto están las obras a día de hoy?

 

José María Llanos: En este momento se encuentran en una fase muy avanzada de cimentación y estamos siguiendo el ritmo para una obra de estas características. Ha habido pequeños problemas que se han ido solventando, pero siguen su ritmo normal.

 

¿Y para cuándo estarán terminadas?

 

J.M.LL.: En principio para mediados de octubre, aunque se puede llegar a noviembre. No existen circunstancias que hagan pensar que pueda retrasarse. Se va un poco más lento porque los arqueólogos van revisando mientras se hacen las obras, pero mientras miran una zona, se trabaja en otra.

 

Precisamente se han ido encontrando obras arqueológicas.

 

J.M.LL.: Siempre aparecen cosillas en estos trabajos. Algunos muros de piedra, escolleras del antiguo cauce, vasijas... Elementos que se documentan, se hace un estudio y se continúa con la obra. En cinco metros que se ha excavado hacia abajo, es verdad que han salido cosas en varios estratos.

 

¿Podría explicar qué se está realizando exactamente en estas obras?

 

J.M.LL.: El edificio original tiene una estructura de hierro que se trata de mantener, pero hay nuevos espacios como almacenes o salas de despiece que hay que incorporar, que irán al sótano. Como la base del proyecto habla de mantener la estructura, del siglo XIX, para excavar ese suelo estamos haciendo un micropilotaje, que consiste en poner unos pilares de hierro muy juntos que sujeten la cimentación del edificio actual que permita excavar y llegar a la cota del sótano que queremos construir.

 

 

¿De todo lo que se va a modificar, esto es lo más complicado?

 

J.M.LL.: Sin duda, al menos lo más complejo. A partir de este lunes se va realizar una geotermia mediante una máquina para el sistema de calefacción. Se harán excavaciones entre 120 y 150 metros de profundidad, que permitirán generar la energía necesaria para el edificio. Es necesario antes de que instalemos lo que será la planta del sótano.

 

Juan Carlos Urdiain: Por cierto que el número de perforaciones de la máquina dependerá del rendimiento que dé cada una de ellas. Si se comprueba que hay agua a mayor o menor temperatura, a lo mejor hay que hacer menos. En todo caso es un proceso largo y complejo.

 

¿Todo esto no supone en cierto modo destruir la historia del edificio?

 

J.M.LL.: Se trata de una pregunta con varias respuestas. El gran reto del proyecto es conseguir que un edifico histórico creado en 1882 siga teniendo el mismo uso en el siglo XXI. La gran apuesta y necesidad de los comerciantes es que acabe funcionando como mercado, y lo que nosotros sabemos es que los edificios que abren a las nueve y cierran a las tres no funcionan, se quedan obsoletos. Hay que conseguir que su funcionamiento mueva la economía de la zona, que sea atractivo para todo el mundo. Por eso también habrá un supermercado Dia en el sótano, que abrirá de diez de la mañana a diez de la noche, de manera que tendrá actividad todo el día.

 

Pero una cosa no quita la otra. Lo que ha estado años ya no va a estar en la estructura.

 

J.M.LL.: Se va a mantener lo que tiene gran valor del edificio, la estructura de hierro. Hay que conseguir que siga siendo un mercado en el siglo XXI, que se adapte al sistema de venta. Allí tiene que haber actividad todo el día, y el hecho de que esté acristalada la fachada hará que salga la actividad afuera. Al final solo se suprimen los ladrillos, que no son originales. Se supone que lo bonito es la estructura original, aunque siempre hay opiniones para todo. Estamos manteniendo todo lo que tiene y el uso, que tiene gran valor.

 

J.C.U.: ¿Cuántos edificios antiguos se quedan como están y están teniendo un uso residual? Al final o te adaptas a los tiempos... La merma que sufre el Mercado es mínima.

 

J.M.LL.: De hecho con la imagen que tenía, hemos visto como la mayoría de industriales se habían ido y estaba en absoluta decadencia, iba derecho al cierre. Si uno tiene una actitud inmobilista con los edificios, al final se consigue que no funcione. Al final consideramos que hemos sido bastante respetuosos.

 

Hay quien dice trata de seguirse un poco la referencia del Mercado de San Miguel, de Madrid.

 

J.M.LL.: No, no. Si ese mercado tiene una estructura original de hierro y las fachadas se hacen de vidrio, y el nuestro también es igual, partes de una cosa que está ahí. Al final estamos trabajando con lo que ya tenemos. También cuenta que San Miguel es gourmet y este es un edificio con un Dia en el sótano y con industriales, además de nuevas actividades, que alguna sí estará unida a la gastronomía para potenciar que se pueda tener un horario más amplio, como hemos dicho antes. Que dinamice la zona, vamos. Y la prueba es que fuera va a haber terrazas, en vez de coches, como ahora.

 

Por cierto, ¿la presencia de un Dia abajo no puede ser contra producente para los comerciantes?

 

J.M.LL.: Esto es una idea que se ha repetido en otras ciudades y ha funcionado bien, porque en realidad se complementan. Los supermercados no venderán productos frescos porque eso lo harán los de arriba, lo suyo serán los envasados. Ofrecerán otras cosas que no den los comerciales y, con los clientes de paso, quizá compren algún producto.

 

J.C.U.: Los sesudos del marketing han hecho pruebas al respecto en mercados municipales y han constatado que la creación de sinergias compensaba mucho a unos y a otros. Eso está estudiado.

 

¿Creen que podría acabar consolidándose como edificio emblemático de Valladolid?

 

J.M.LL.: Confiamos en que sí. Tiene una ubicación extraordinaria y en el fondo lo que todo el mundo pretende es que además de comercio haya actividades a mayores. Siempre hablamos de que cada vez hay menos de esto en el centro, poner algo que atraiga a la gente es positivo para la ciudad, para todos. Esa es la idea del proyecto.

 

FOTOGRAFÍAS: ALBERTO MINGUEZA