El Real Valladolid tropieza en Tenerife en su salto hacia el liderato (2-0)

Carlos Peña conduce el balón en el Heliodoro Rodríguez. LFP

El conjunto blanquivioleta desperdició la ocasión de ponerse primero tras un partido en el que la expulsión de Pereira en el minuto 20 fue fundamental. Suso y Víctor García hicieron los goles.

Ficha técnica:

 

2 - CD Tenerife: Dani Hernández; Moyano, Carlos Ruiz, Unai Albizua, Raúl Cámara; Suso Santana (Maxi, min. 85), Vitolo, Aitor Sanz, Cristo Martín (Víctor, min. 80); Juan Carlos (Cristo Díaz, min. 69) y Diego Ifrán.

 

Entrenador: Raúl Agné.

 

0 - Real Valladolid: Javi Varas; Chus Herrero (Hernán Pérez, min. 71), Marc Valiente, Jesús Rueda, Peña; Timor, Leao, Omar (Óscar Díaz, min. 64), Óscar; Jeffren (Álvaro Rubio, min. 53) y Jonathan Pereira.

 

Entrenador: Joan Ferrer "Rubí".

 

Goles: 1-0, min. 59: Suso. 2-0, min. 83: Víctor.

 

Árbitro: José Luis Lesma López (Comité Madrileño). Expulsó por doble cartulina amarilla al visitante Jonathan Pereira (min. 28), y al técnico Joan Ferrer por protestar (min. 70). Amonesto a los locales Aitor Sanz y Suso, y a los visitantes Chus Herrero y Timor.

 

Incidencias: Encuentro disputado en el Heliodoro Rodríguez López, de la capital tinerfeña, ante unos 9.112 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por la reciente falleciemiento de Juan Delgado Ortega, ex portero del conjunto local.

Nada, que no hay manera. No lo tendrá tan fácil el Real Valladolid en mucho tiempo como en este domingo para ponerse líder de la categoría, después del empate de Las Palmas en Alcorcón. Los de Rubi fueron incapaces de hacerle un gol, e incluso de plantarle cara, a un Tenerife que impuso su necesidad para salir del descenso, si bien es cierto que la tonta expulsión de Pereira en el minuto 20 por doble amarilla fue trascendental para que Suso y Víctor García acabasen transformando el definitivo 2-0.

 

Y es que la primera parte empezó como en la mayoría de ocasiones para el Pucela cuando juega fuera de casa, es decir, con un juego más bien conservador y discreto. Así las cosas, y como en Segunda División no hay rival pequeño, aunque suene a tópico, el Tenerife decidió tomar la manija del partido a la búsqueda de los tres puntos. Y como el que la persigue la consigue, acabaron cayendo, claro.

 

Ahí hay que achacar la culpa a Rubi y a los jugadores a partes iguales. Tanto entrenador como plantilla tienen la mala costumbre de, de vez en cuando, tomarse un partido a la ligera, como que no fuera con ellos la cosa, casi siempre con rivales que a priori podrían presuponerse más débiles. Y el tropiezo se antoja inevitable.

 

Ante la ausencia de un desequilibrio fundamental como es Mojica, el entrenador tuvo que echar mano de Jeffren y Omar para las bandas, lo cual no tiene punto de comparación. El canario mostró intención, el venezolano aportó el poco peligro del Valladolid en la primera parte con algún disparo lejano, pero ahí quedó la cosa. El protagonismo iba a ser de Jonathan Pereira.

 

El delantero, en una acción que bien podía haber pasado desapercibida, vio la primera amarilla por caer al suelo y supuestamente fingir penalti. Pero todo iría a peor. Apenas un minuto después, el gallego realizaba una entrada en el centro del campo que el trencilla consideró digna de otra cartulina. A la calle, y el cronómetro apenas marcaba el minuto 20. En ese momento, lo poco que había del Pucela terminó por derrumbarse cual castillo de naipes.

 

Mientras el Tenerife buscaba lo suyo, por medio de un Suso insistente y un Ifrán incisivo, los blanquivioletas aguantaban el chaparrón como podían, con más energías en salvar el empate que en buscar la portería contraria. Hasta que al final pasó lo que tenía que pasar. Tras el paso por vestuarios la propuesta de Rubi no terminó de sostenerse y Suso se aprovechó de un error de Rueda para hacer el 1-0. Era el principio del fin.

 

Y es que más allá del gol, el Real Valladolid no había dado señales de vida en ningún momento. Ningún coletazo, ni un amago de casta y pundonor, ni siquiera algún intento estratégico para hacer valer que estuviera ahí. Principal pecado de los de Rubi, a los que a veces es más fácil de lo que parece encontrarles las cosquillas.

 

El gol de Víctor Díaz, la expulsión de Rubi por protestar y el colmo de todos los males con la lesión de Marc Valiente, pendiente de diagnóstico, no hicieron sino confirmar que no era el día del Valladolid. Valga la expresión, en el peor momento. Habrá que lamerse las heridas la semana que viene ante otro púgil, el Sporting, sin Pereira y sin Valiente. Mañana será otro día.