El Real Valladolid se hunde en el Benito Villamarín (4-0)

Rubén Castro, que firmó un hattrick, cabecea el balón ante Peña. LFP

El conjunto blanquivioleta, fuera de ascenso directo, firmó un partido para olvidar en casa del Betis, que fue superior de principio a fin. Molina hizo el primero y Rubén Castro un hattrick.

Ficha técnica:

 

4 - Real Betis: Adán; Molinero, Héctor Rodas, Jordi Figueras, Varela; Portillo (Dani Ceballos, m.70), N'Diaye (Fabián, m.73), Lolo Reyes (Xavi Torres, m.75), Dani Pacheco; Rubén Castro y Jorge Molina.

 

0 - Real Valladolid: Javi Varas; Chica, Jesús Rueda, Marc Valiente, Peña; André Leao, Álvaro Rubio (Omar, m.56); Hernán Pérez, Óscar (Jeffren, m.83), Timor; y Jonathan Pereira (De Melo, m.70).

 

Goles: 1-0, M.37: Jorge Molina. 2-0, M.53: Rubén Castro. 3-0, M.82: Rubén Castro, de penalti. 4-0, M.84: Rubén Castro.

 

Árbitro: José María Sánchez Martínez (Colegio Murciano). Expulsó por dos tarjetas amarillas a Javier Chica, quien las vio en los minutos 44 y 71. Además, amonestó a los locales N'Diaye (m.02), Molinero (m.39) y Dani Pacheco (m.90) y a los visitantes Jesús Rueda (m.15), André Leao (m.82)

 

Incidencias: Partido de la vigésima octava jornada de la Liga Adelante, disputado en el estadio Benito Villamarín ante 39.130 espectadores.

Cuenta la historia del doctor Jeckyll y Mister Hide cómo un hombre era capaz de mostrar dos caras completamente diferentes, separadas por el bien y el mal, de manera que el problema llegaba cuando la segunda causaba el terror y la destrucción si la primera no era capaz de refrenarla. Algo así le ocurrió al Real Valladolid en el Benito Villamarín, que cayó con estrépito ante el Betis con un contundente 4-0 que le deja fuera de los puestos de ascenso directo.

 

Y es que desde el primer momento la actitud del Pucela fue de esas horrendas, para olvidar, de las que se marcan los de Rubi de vez en cuando, sobre todo cuando toca ejercer de visitante. El entrenador, que cumplía su segundo partido en la grada por sanción, probó con una variante 4-4-2 en defensa que intentaba pasar al 4-3-3 cuando el equipo tenía el balón. Y ahí estuvo el problema, que los blanquivioletas apenas lo olieron en todo el partido. Y de la presión de los de arriba para recuperarlo, casi mejor ni hablar.

 

El Betis salió por su parte a por los tres puntos desde el minuto uno. Una hipotética victoria les permitía asaltar el liderato provisional después de una temporada complicada, todo un acicate para comerse al Valladolid. Y así fue. Los verdiblancos sudaron de lo lindo para conseguir continuas superioridades sobre el césped, algo que, unido a la calidad de jugadores como Rubén Castro, Molina o Pacheco, era una garantía de éxito.

 

En estas que lo estaban pasando mal los de Rubi, con algún coletazo espontáneo a la contra comandado por Pereira, cuando llegó el mazazo. Un desbarajuste defensivo dejó completamente solo al propio Jorge Molina en una jugada a toda velocidad, control y movimiento de cuerpo perfecto, golpeo y para adentro. El Valladolid encontraba castigo a un juego ramplón y de poca creación.

 

En lo que había sido hasta el momento un amago de Mister Hide, el Pucela terminó de explotar para terminar de convertirse en la bestia. Los jugadores verdiblancos y los blanquivioletas eran dos caras completamente diferentes. Unos corrían, presionaban, sacaban rápido las faltas y saques de banda. Los otros, con la mente en otra parte, no.

 

Y es que Rubi planteó el partido para intentar bailar al Betis con el balón, pero fueron los sevillanos los que se hicieron con él desde el primer instante. El entrenador se vio entonces sobrepasado, y como en muchas ocasiones esta temporada, fue incapaz de responder con alguna variante táctica o de jugador que diera la vuelta a la tortilla. Era el momento del castigo.

 

Rubén Castro. Pum, pum, pum. Aquel que llevaba cuatro partidos sin ver puerta, fusiló al Valladolid de tres tiros certeros, al ritmo que el Villamarín hacía la ola. Y para cerrar el esperpento, un Javi Chica que terminó expulsado entre el segundo y el tercer tanto de la mañana ante un árbitro que, si bien hay que decir que no se le puede achacar toda la culpa, estuvo algo puntilloso. De hecho tanto el tercer gol bético, de penalti, como la propia expulsión quedan en el limbo del entredicho.

 

De poco le sirve lamentarse al Pucela, que tendrá que lamerse las heridas a la espera de lo que hagan el resto de los de arriba para ver en qué posición queda esta jornada. Pero hay una cosa clara. Cuando el doctor Jeckyll no es capaz de controlar a Mister Hide, se queda fuera del ascenso directo.