El Real Valladolid no encuentra el fondo del pozo (1-2)

Los blanquivioletas no pudieron superar al Zaragoza en un partido en el que fueron mejores, pero en el que también se mostraron incapaces. El play off se convierte en quimera, con la afición despidiéndose enfadada.

Ficha técnica:

 

1 - Real Valladolid: Kepa; Chica, Silva (Samuel, m.57), Juanpe (Rodri, m.81), Hermoso; Leao, Rubio, Villar (Guzmán, m.83), Del Moral; Mojica y Roger.

 

2 - Real Zaragoza: Manu Herrera; Isaac, Guitián, Vallejo (Abraham, m.83), Rico; Javi Ros (Diamanka, m.73), Dorca; Lanzarote (Tarsi, m.68), Pedro, Hinestroza; y Dongou.

 

Goles: 0-1, m.7: Lanza. 1-1, m.39: Del Moral. 1-2, m.66: Pedro.

 

Árbitro: Cordero Vega (C. Cántabro). Amonestó a Marcelo Silva, Del Moral y Samuel, del Real Valladolid, y a Javi Ros y Pedro (roja, m.76), del Zaragoza.

 

Incidencias: Partido de la trigésima cuarta jornada de la Liga Adelante disputado en el Nuevo Estadio José Zorrilla ante 8.671 espectadores.

Hay veces que el fútbol te dice que no. Y cuando es así, no puedes negarle la mayor a la diosa fortuna del balompié. En esas se encontró el Real Valladolid este sábado tras caer derrotado por 1-2 en Zorrilla ante el Zaragoza, en un partido en el que no mereció perder, pero en el que el destino le dijo que tenía que ser así. Y ahora queda en el aire el futuro de Miguel Ángel Portugal, pese a las pocas jornadas que restan de Segunda División, con el play off como una quimera inalcanzable aunque matemáticamente es más que posible.

 

Y es que la cosa no pudo empezar peor. Apenas se habían sentado los 8.671 espectadores en sus asientos cuando Lanza, tras un centro desde la derecha que dejó en evidencia a Chica, empalmó un balón que se alojó sin oposición en las redes de Kepa. Zorrilla enmudeció. No acababa ni de empezar y ya tocaba remar, otra vez. El fantasma del desasosiego se instaló en un público que ya está más que cansado de una temporada mediocre.

 

Pero no sería tan desastroso esta vez. El de siempre, Juan Villar, se echó al equipo a las espaldas -ya había tenido una que acabó en el larguero antes del 0-1- y buscó con ahínco la portería rival. El problema del Pucela estaba claro; Hermoso y Chica propiciaban continuas entradas por banda del Zaragoza, que en realidad no tenía demasiados argumentos más allá de un Dongou peleón en punta de ataque. La cuestión es que los blanquivioletas, inoperantes, tampoco tenían mucha pólvora.

 

Fue entonces cuando el partido se convirtió en un pasacalles en el que los locales buscaban con más ganas el gol para tratar de agradar a una afición que, conocedora de lo que va a terminar siendo esta temporada, no protestó en demasía. Roger se desfondaba, Álvaro Rubio y Leao no terminaban de amarrar el centro del campo... hasta que apareció un actor inesperado; Manu del Moral.

 

El delantero, bordeando el descanso, hizo bueno un centro de Juan Villar para meter la cabeza con todo, con el alma, con ganas... suficiente para el 1-1. Y es que si el Pucela actuase así más a menudo, a lo mejor el escenario era otro en esta jornada 34. El descanso dejaba todo para la segunda mitad.

 

¿Que qué pasó para entonces? Pues que siguió el esperpento, o más bien volvió a repetirse el primer acto. Un Real Valladolid insistente, con ganas de llevarse los tres puntos para tratar de darle un motivo de felicidad a su público, se encontró con la horma de su zapato. Fue sencillo. Remate blandito de Lanzarote, ataja Kepa... para que el balón entre rodando lentamente. Para frotarse los ojos. Y es que antes Del Moral y Villar habían tenido el 2-1 en sus botas, pero este no quiso llegar.

 

A partir de entonces fue un quiero y no puedo blanquivioleta. Ni siquiera la expulsión de Pedro por doble amarilla mediada la segunda parte cambió el rumbo de los acontecimientos. Miguel Ángel Portugal se vio desbordado por la situaciópn, los jugadores blanquivioletas entraron en stand by, incapaces de dar la vuelta a la situación mientras el Zaragoza se dedicaba a resistir con bastante poco que ofrecer.

 

Y es que este Pucela es un naufrago futbolístico, incapaz de darle la vuelta al calcetín en ciertas situaciones. Si la debacle ya se intuía de forma prominente la semana pasada con el doloroso 4-0 ante el Leganés, este tropiezo ante el Zaragoza ya parece definitivo para poner punto y final a una temporada para olvidar. Y lo peor es que quedan dos meses de competición, con una afición que acabó dedicando una sonora pitada al equipo.

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