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Cartel definitivo iberian file

El Real Valladolid, campeón de la Copa de la Liga hoy... hace 32 años

Las vitrinas del club guardan el trofeo del único título nacional del club bpanquivioleta en toda su historia. Aquella noche de 30 de junio de 1984 el Real Valladolid goleó al Atlético de Madrid de Luis Aragonés por 3-0 en la prórroga.

AQUELLA ALINEACIÓN:

 

Fenoy; Aracil, Gaíl, García Navajas, Richard; Jorge, Moré, Eusebio (Fortes), López (Minguela); Yáñez y Da Silva.

 

GOLES: 1-0 (Votava, propia puerta); 2-0 (Minguela); 3-0 (Fortes). 

La verdad, aquella noche en Zorrilla fue única. Por el ambiente, por el entorno del partido y, claro, por su desenlace. El estadio se ha llenado varias veces después, incluso para un partido de rugby, pero esa mágina noche del 30 de junio de 1984 fue diferente porque nunca se escuchó a una coral improvisada en la grada cantar aquello de "campeones, campeones".

 

Quizá porque ese grito queda reservado para los grandes que acumulan éxitos y títulos por doquier. Para los modestos que nacimos con el sentimiento blanquivioleta marcado desde nuestra infancia, formando parte de nuestra educación, gritar que éramos campeones de algo tan importante como un campeonato nacional era impensable, pero también mágico. 

 

Magia en una noche de fútbol a lo grande que estalló en la prórroga cuando Paco Fortes revolucionó el partido y agotó al Atlético de Madrid de un imponente Luis Aragonés que, por ejemplo, reunió a sus jugadores de pie a modo de tiempo muerto de baloncesto antes del tiempo extra mientras los vallisoletanos se esparcían por la hierba buscando agua y un masaje amigo para intentar reponer fuerzas.

 

La historia siguiente ya se conoce. Era una final a doble partido y el esperanzador 0-0 de la ida puso en pie las emociones para la vuelta que se resolvieron en apenas quince minutos de éxtasis cuando los goles empezaron a caer y el Real Valladolid ya se sintió campeón con el premio añadido de clasificarse para disputar por primera vez la Copa de la UEFA y asomarse a Europa. La Copa de la Liga como tal dejó de celebrarse, pero el Valladolid llegó a tiempo para unirse a su corto palmarés. 

 

Cuando Moré levantó el trofeo en la histórica foto que ya está impregnada en la memoria colectiva de todo lo que significa el Real Valladolid, el estallido de júbilo fue tremendo. Como el regreso a casa, donde esta vez no importaban las colas interminables de coches para volver a las vías céntricas de la ciudad porque lo que importaba era hacer sonar el claxon y ondear la bandera. Éramos campeones y la afonía se contagiaba hasta en los vehículos de aquella época que no podían soportar tanta agresividad a la hora de pulsar esos sonidos del triunfo. Aquel R-12 (4673-F para más señas) se apagó en el Paseo de Zorrilla pero a los amantes del Real Valladolid nunca se nos ha secado el aliento victorioso de esa noche.