El Real Valladolid asalta el fortín de Vallecas (1-2)

El Real Valladolid consiguió en la mañana de este domingo una victoria importantísima por 1-2 ante el Rayo Vallecano. Importantísima por los tres puntos de oro en su carrera hacia la salvación y para que los nervios del entorno tras la derrota ante el Atlético de Madrid no se trasladaran al seno del equipo.

La victoria llevó el sello de Djukic, que hizo una lectura perfecta del partido en la pizarra. El equipo blanquivioleta no reculó, sino que fue a la presión al campo del Rayo Vallecano, que una y otra vez, con su estilo inconfundible, trató de llevar una iniciativa en el juego, que sí tuvo en la primera mitad, pero sin acabar de traducirse en peligro para la portería de Dani.

 

Pero tras una primera media hora en la que el Rayo sí tuvo protagonismo, el Pucela se soltó la melena en la recta final del primer acto. En el minuto 38 Omar remató desviado tras sentar a dos rivales; en el 39 Sastre no culminó con un buen pase una contra en clara superioridad; en el 41 Rubén repelió un remate a quemarropa de Bueno -titular como media punta por Óscar-; y el 43 Sastre envió un trallazo desde fuera del área al larguero. En definitiva, el Rayo había tenido la iniciativa ante la fe ciega del Pucela en la presión, pero las mejores ocasiones tuvieron color blanquivioleta.

 

En la segunda mitad, el Rayo Vallecano siguió intentando jugar el balón desde atrás, pero se atascó. El Pucela había olido la sangre de su enemigo en ese sprint final de la primera parte y quería ganar.

 

La victoria se decantó en los últimos 20 minutos. En el minuto 70, Dani tuvo que hacer un doble paradón a disparos de Leo Baptistao y Vázquez. Evitó el 1-0 y en la jugada siguiente marcó el Pucela. Mejor dicho, lo hizo el Rayo, pero en su propia puerta. Alberto Bueno colgó una falta central y el zaguero Amat, en pugna con Sereno, peinó lo justo el balón para batir a Rubén, que se quedó a media salida.



Y si del posible 1-0 se había pasado al 0-1, en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en 1-1. El Rayo sacó del centro del campo, Amat, autor del gol en propia puerta, vio a Dani adelantado y desde el centro del campo mandó un obús de precisión que el venezolano, en su estirada hacia atrás, solo pudo tocar con el guante, sin la suficiente fuerza para mandarla fuera. El gol fue irremisible.


Y cuando lo normal es que el gol le hubiera hecho mucho daño al Pucela, los de Djukic, sin cambios a pesar de un trabajo tremendo para presionar al Rayo, consiguieron levantar la cabeza. Y no solo eso: la presión blanquivioleta en la salida del balón al final, tuvo su premio. Bueno robó el balón a Javi Fuego, cabalgó, se fue del único zaguero madrileño y regaló el gol a Manucho. El trabajo en la presión de Bueno y Manucho durante todo el partido dio, por fin, su fruto. Era el 1-2, en el minuto 80.



Después sí, Djukic movió ficha y Baraja salió por Bueno en el minuto 85 -justo antes de que el media punta enviara el balón a la cruceta con un disparo mágico desde fuera del área- y Javi Guerra a Manucho.


Solo en el balón parado podía hacer daño el Rayo al Pucela. Forzó tres córners y en el último Tamudo remató de cabeza a bocajarro y Dani hizo la parada de su vida para evitar el empate y dar un triunfo de lujo al Pucela, que el próximo domingo visita al R.C.D. Espanyol.