El Pucela vuelve a presentar candidatura a la parte alta de la tabla (4-1)

Los jugadores del Pucela celebran un tanto. TRIBUNA

La expulsión de Alberto con el 0-0 en el marcador fue crucial para un partido que acabó con un marcador abultado, y es que el Tenerife quizá no mereció tanto castigo pero se desmoronó.

FICHA TÉCNICA

 

Real Valladolid: Kepa; Chica, M. Silva, Juanpe, Hermoso; Juan Villar, André Leao, Álvaro Rubio (Tiba, 78’), Alfaro (Guzmán, 74’); Óscar y Rodri (Diego Rubio, 58’).

 

CD Tenerife: Dani Hernández; Raúl Cámara, Jorge, Carlos Ruiz, Aurtenetxe (Nano, 80’); Alberto, Vitolo, Aitor Sanz; Suso (Jairo, 69’), Omar Perdomo (Cristo González, 80’) y Antony Lozano.

 

GOLES: 1-0 (22’) Óscar, de penalti. 2-0 (26’) Juan Villar. 2-1 (33’) Antony Lozano. 3-1 (71’) Juan Villar. 4-1 (81’) Guzmán.

 

ÁRBITRO: Adrián Cordero Vega (comité cántabro). Asistido en las bandas por Cerezo Parfenof y Díaz Casado. Amonestó a los locales Rodri (50’), Leao (54’); y a los visitantes Jorge (44’), Vitolo (63’).

 

INCIDENCIAS: Partido disputado en el estadio Nuevo José Zorrilla de Valladolid, correspondiente a la décimo octava jornada de la Liga Adelante, ante 12.811 espectadores. Terreno de juego en regulares condiciones. Encuentro transmitido por Movistar  +.

Autoridad, presencia y moral. El Real Valladolid volvió a imponerse esta semana para encadenar, por primera vez esta temporada, dos victorias consecutivas, de manera que se aúpa de manera definitiva a la zona media de la tabla y vuelve a mirar hacia arriba. Justo a tiempo para irse de vacaciones con mejores sensaciones, gracias al 4-1 ante un Tenerife que, quizá, no mereció tanto castigo pero se desmoronó en la segunda parte tras jugar con diez desde la mitad de la primera parte por la expulsión de Alberto.

 

Y eso que no hubo muchas sorpresas en el once titular del Pucela, pese al cambio sufrido por los de Portugal. Según lo previsto, con un par de permutas respecto al once en Albacete, pero con un factor común; Juan Villar. El ex del Cádiz sigue en estado de gracia, ese clavo ardiendo al que agarrarse para seguir creyendo en el ascenso. Un jugador que en su primera temporada ya acumula ocho goles y que aporta cosas diferentes al equipo, al menos atrevimiento, pegada y facilidad de asociación.

 

En esas que el Pucela poco a poco comenzó a hacerse con el control del partido. Parece que la buena inercia conseguida llegó hasta este fin de semana, pese al atrevimiento de un Tenerife que, claramente, ha mejorado con la llegada de Martí al banquillo. Alfaro por un lado, Villar por el otro, los fogonazos blanquivioletas por bandas eran un quebradero de cabeza para la defensa tinerfeña.

 

¿Es suficiente esta mejora en el juego para poder aspirar al ascenso? ¿Y si es así, en play off o incluso en ascenso directo? Es demasiado pronto para decirlo, pero al menos es más fácil comerse el turrón tras dos victorias consecutivas, la primera vez que el Valladolid consigue semejante hito esta temporada.

 

Mientras los minutos pasaban, el Pucela terminaba de comerle la tostada al Tenerife. Hasta que pasó lo que tenía que pasar. El gol quizá mal anulado a Villar por fuera de juego quedó en agua de borrajas con el penalti que se pitó al minuto siguiente y que transformó Óscar sin contemplaciones. A veces el fútbol es fácil. Y más cuando apenas otros minutos después el omnipresente Villar hace el 2-0. Todo parecía fácil y sencillo en Zorrilla.

 

Pero no. Este Real Valladolid es de complicarse la vida, de hacer sufrir a los suyos. Parecía que por fin podía haber dos victorias consecutivas y encima sin necesidad de pasarlo mal, pero es que esta temporada está claro que el asunto es sufrir. Por eso, cuando el Choco Lozano, de lo mejorcito del Tenerife, hizo el 2-1 antes del descanso más de uno se llevó la mano al cuello. Así se llegó al descanso, con la sensación de que se podía pero había que rematar la faena.

 

Y no sería porque no lo tuvo el equipo visitante. Aunque fueran tímidos, sonaron silbidos en Zorrilla cuando primero Suso con un mano a mano y Omar después, con un disparo al palo, hicieron ver que esto no estaba terminado. Fue entonces cuando Portugal supo dar una vuelta de tuerca con los cambios, Villar demostró que es capaz de echarse al equipo a los hombros y la lógica terminó por imponerse. Era previsible, pese a que pudo acabar mal. Primero el propio Villar para quitar el sufrimiento y después Guzmán para reivindicarse, cerraron un 2015 que deja ciertas esperanzas para el ascenso. Ya para dentro de dos semanas será otra historia.

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