El Pucela se supera una vez más

Las dos aficiones fueron protagonistas por el apoyo incondicional a sus equipos, sabiendo lo mucho que necesitaban los jugadores el calor de sus hinchadas para alcanzar sus respectivos objetivos.

En el peor partido que se recuerda del Real Valladolid en Zorrilla en los últimos meses, los jugadores de Miroslav Djukic supieron reaccionar a tiempo y demostraron una vez más que son un bloque unido y que merecen seguir en la máxima división del fútbol español.

 

Se tenía que ganar y se hizo. Quedaban cuatro jornadas para que terminara la temporada y el Real Valladolid tenía la primera oportunidad para sellar la permanencia. Pero el rival que se iba a encontrar no le iba a poner las cosas fáciles por lo mucho que se jugaba también.

 

El Deportivo de la Coruña venía con toda la artillería. Estaban con la moral por las nubes después de siete jornadas sin conocer la derrota y, además, tenían un ejército de aficionados a sus espaldas. Durante los primeros minutos del partido, parecía que estaban jugando en Riazor porque las voces de los 5.000 aficionados gallegos que se desplazaron para animar a su equipo eclipsaban a la afición blanquivioleta, que se mostraba cauta y fría en los primeros compases del encuentro.

 

El Depor necesitaba el triunfo. Sólo le valía la victoria. Por eso desde antes de que el árbitro pusiera el partido en marcha, los hinchas blanquiazules calentaban motores con numerosos cánticos y con una frase que estaba por encima de cualquier otra: “Sí se puede”. Los coruñeses estaban convencidos de que hoy iban a salir victoriosos del encuentro y que iban a retrasar la permanencia matemática de los vallisoletanos.

 

Y el partido parecía confirmar esas sensaciones. El Deportivo salió a por todas desde el pitido inicial, con una intensidad altísima y con las cosas muy claras: adelantarse lo antes posible para poner nervioso al equipo de Miroslav Djukic. El Real Valladolid no conseguía poner en aprietos a su rival, que seguía llevando la iniciativa del encuentro y eso se trasladaba a las gradas gallegas, que cada vez gritaban más alto para llevar a su equipo a la victoria. Y así terminó la primera parte, con empate a cero, pero con el Deportivo más enchufado que el Valladolid.

 

Algo les tuvo que decir Djukic a sus jugadores porque en el segundo tiempo se vio a un Real Valladolid diferente, más agresivo y controlando más el balón como lo ha hecho durante toda la temporada. Y fue entonces cuando Javi Guerra adelantó a lo locales. A partir de ahí cambió el curso del partido, tanto en el campo como en las gradas. La afición blanquivioleta estalló de alegría con el gol del malagueño, que sigue demostrando su gran estado de forma en este final de campaña. Los gritos de “Vamos Depor, vamos” dieron paso a los de “Vamos mi Pucela, vamos campeón”. El gol fue un duro golpe para los aficionados gallegos que veían como, aun habiendo dominado el encuentro hasta ese momento, era su rival el que se ponía por delante en el marcador.

 

Fue entonces cuando las gradas blanquivioletas tomaron el mando y con sus gritos empezaron a eclipsar a sus rivales, que veían como su equipo dejaba escapar un buena oportunidad de salir de los puestos de descenso. El Real Valladolid era dueño del balón y no dejaba que el esférico se acercara a la portería de Jaime más de lo necesario.

 

Pero en los últimos minutos y viéndose con el agua al cuello, el Deportivo tiró de casta y fue a buscar el gol del empate. El Pucela se vio superado y solo podía hacer una cosa: defenderse. El partido se desarrollaba en el campo local y eso volvió a despertar a los aficionados gallegos, que más que nunca gritaban para ayudar a su equipo. Los hinchas locales respondieron y la tensión se podía palpar tanto en el terreno de juego como en las gradas.

 

Al final, en el campo, el Real Valladolid terminó ganando el partido y consiguió sellar la permanencia matemáticamente; mientras que el Deportivo de la Coruña tendrá que seguir sufriendo para no volver a lugar del que escapó la temporada pasada.

 

Una vez más, las aficiones dieron todo un recital tanto dentro como fuera del campo. El ambientazo que se respiró durante todo el partido, añadido a que no hubo ningún altercado fuera del estadio, hizo que el día de ayer en Valladolid fuera, en definitiva, un “día de fútbol” en toda regla.

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