El Pucela salva los muebles ante el Espanyol y sigue en la lucha (1-0)

Rukavina, en el momento del gol ante el Espanyol. AS

Un gol de Rukavina mediada la primera parte fue suficiente para que los de Juan Ignacio Martínez se llevaran los tres puntos. Los blanquiazules acabaron con diez por la expulsión de Pizzi.

FICHA TÉCNICA.

 

RESULTADO: REAL VALLADOLID, 1 - RCD ESPANYOL, 0. (1-0, al descanso).

 

ALINEACIONES.

 

REAL VALLADOLID: Jaime; Rukavina, Valiente, Mitrovic, Peña; Daniel Larsson, Víctor Pérez (Baraja, min.88), Rossi (Rueda, min.71), Óscar; Javi Guerra y Manucho (Jeffrén, min.69).

 

RCD ESPANYOL: Casilla; Raúl Rodríguez, Fuentes, Colotto, Víctor Sánchez; Álex (Córdoba, min.60), Pizzi, David López, Moreno, Simao (Lanzarote, min.66); y Sergio García.

 

GOL:

 

1 - 0, min.20, Rukavina.

 

ÁRBITRO: Muñiz Fernández (C.asturiano). Amonestó a Rossi (min.44), Mitrovic (min.85) y Javi Guerra (min.87) en el Real Valladolid y a Moreno (min.72) en el Espanyol. Expulsó a Pizzi, en los pericos, por doble amarilla (min.39 y 72).

 

ESTADIO: José Zorrilla, 15.500 espectadores.

La esperanza es lo último que se pierde. El Real Valladolid hizo bueno el dicho tras imponerse por 1-0 al Espanyol con un gol de Rukavina en el minuto 19 tras un partido cargado de emoción, de manera que sigue metido en la lucha por escapar del descenso. Los pericos, que en todo caso siguen virtualmente salvados, acabaron con diez por la justa expulsión de Pizzi en la segunda parte.

 

No vino el Espanyol a pasearse, y eso quedó claro desde el primer momento. Los de Aguirre no llegaban salvados, pero casi, y el entrenador les había inculcado que al menos había que sacar un punto. Sergio García y Pizzi, que ya se las hicieron pasar canutas a la defensa del Pucela en el partido de ida en Cornellá, hicieron lo propio con Mitrovic y Valiente. Muy mal podían haberlo pasado los algo más de 15.500 aficionados de Zorrilla si el propio Sergio García llega a meter la primera que tuvo a los cuarenta segundos, pero Jaime abortó la ocasión.

 

Pasados los trámites iniciales, el Valladolid comenzó a asentarse sobre el campo. Si de algo puede presumir este Pucela es de estar firmando unas actuaciones más que aceptables como local en los últimos partidos, y después de la empanada inicial los jugadores demostraron que sabían lo que se jugaban.

 

Y de ahí nació el gol. En un saque de banda largo, el balón rebotó casi sin querer hasta la frontal del área, donde Rukavina la pegó con el alma de todo el estadio. Imparable para Casilla. Era el 1-0 que daba la tranquilidad que necesitaban el equipo, la grada y Juan Ignacio Martínez, que esta vez sí no paró de desgañitarse en la banda todo el partido. Este Valladolid era otro.

 

Bien sabían los jugadores que sus competidores habían empatado en caso del Getafe, ganado en el del Elche y perdido para Osasuna. A estas alturas cada partido es un mundo, pero era evidente que solo valía ganar. Tras el descanso la emoción se haría patente, pero el marcador no se movería.

 

Todo hay que decirlo, el partido concluiría con resultado favorable, pero el Pucela mantiene sus problemas de juego. Juan Ignacio Martínez, 35 jornadas después, sigue sin dar con su once tipo y el estilo no está ni mucho menos consolidado, lo que lleva a pensar que si los blanquivioletas se salvan lo harán de una manera muy diferente a la del año pasado.

 

En todo caso, al menos sí supieron dar la talla esta vez. La expulsión de Pizzi -de lo más tonta, tras ver la segunda amarilla por mano- facilitó las cosas, porque si hay algo que siempre exige Aguirre a sus jugadores es intensidad y eso pudo verse de principio a fin. Córners, faltas, alguna ocasión marrada… Los pericos tuvieron ocasiones de sobra para empatar, pero si bien hubo esa intensidad lo que no hubo fue acierto.

 

Con cierta prudencia, pero sin renunciar a la contra, poco a poco el Valladolid fue echándose atrás –los cambios de JIM, Rossi se fue por Rueda y Víctor Pérez por Baraja- a amarrar algo más el resultado. Las condiciones necesarias se dieron esta vez en Zorrilla y, esta vez sí puede decirse en voz alta, el Pucela sigue vivo en la lucha por la supervivencia.