El Pucela no consigue auparse hasta las nubes (0-1)

A.MINGUEZA
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En un partido sin excesivo juego ni por parte de Valladolid ni de Osasuna, la expulsión de Marcelo Silva, un error clamoroso de Juanpe para el gol de Nino y el árbitro acabaron siendo decisivos.

FICHA TÉCNICA

 

REAL VALLADOLID - OSASUNA 0-1

 

Goles: (0-1 74' Nino)

 

REAL VALLADOLID: Kepa; Moyano (Óscar 77), Samuel, Marcelo Silva, Chica; Álvaro Rubio, Timor; Juan Villar, Pedro Tiba (Juanpe 55), Guzmán; Rodri (Alfaro 62). Entrenador: Portugal.

 

OSASUNA: Nauzet; Miguel Flaño, David García, Unai García; Javi Flaño, Lotiès (Pucko 61), Mikel Merino, Aitor Buñuel (Otegui 64); Roberto Torres, Luís Martins (Álex Berenguer 54); Nino. Entrenador: Martín Monreal.

 

ÁRBITRO: Pérez Pallás. Amonestados: Timor, Rodri, Guzmán, Samuel; David García, Lotiès. Expulsado: Marcelo Silva (minuto 48, doble tarjeta amarilla).

En el mundo del fútbol, hay lo que suelen llamarse puntos de inflexión. Muy a menudo, estos se buscan con un cambio de entrenador, pero también pueden darse con partidos decisivos. Pues bien, el Real Valladolid perdió su oportunidad de auparse a lo más alto de la clasificación tras hincar la rodilla por 0-1 en Zorrilla ante Osasuna, merced de un gol de Nino mediada la segunda parte tras un clamoroso fallo de Juanpe.

 

Desde el primer momento el partido se mostró sosegado, un detalle de lo que iba a ser durante toda la primera mitad. Osasuna con un esquema defensivo, entregado a las contras esperando que el Pucela diera alguna concesión que no llegaría. Y es que Enrique Martín apostó por un 5-4-1 que se convertía en 5-3-2 en ataque, demasiado poco para adelantarse en el marcador ante un Pucela que parece haber ganado esa seguridad defensiva que hasta hace unas semanas no tenía.

 

La cuestión es que ambos equipos se mostraron tan seguros en defensa como inoperativos en ataque. Rodri y Tiba lo intentaban tanto como Nino y Roberto Torres –estos dos últimos bastante más a la contra-, pero la conexión, ese chispazo mágico en forma de último pase no llegaba ni en una dirección ni en otra. De hecho, parecía que los dos equipos estaban más a la gresca que a otra cosa, con continuas interrupciones.

 

Eso sí, al Pucela al menos se le vieron dejes. Esos nervios que hace unas semanas eran en pan nuestro de Zorrilla, al menos ahora se ven como templanza y paciencia. Poco a poco. Pero claro, al fútbol se gana metiendo goles y con esto no se consiguen, no de manera directa, al menos. Tiba lo buscaba, Villar y Guzmán centraban por derecha e izquierda, Rodri peleaba… pero no. El tejemaneje de Osasuna en defensa era demasiado denso, tocaba dejarlo para la segunda.

 

Y vaya si se dejó. Era el momento del show de Pérez Pallas, que decidió tomar protagonismo. Cabe destacar que el Pucela probablemente no acabaría perdiendo el partido por el árbitro –o sí-, pero desde luego este hizo mucho porque esto fuera así. Primero, porque Marcelo Silva se llevó nada más comenzar la segunda parte su segunda amarilla con apenas dos acciones. Y después, por constantes faltas dudosas pitadas para Osasuna, siempre barriendo hacia el lado rojillo.

 

La cuestión es que con uno menos el partido no varió en demasía, no a efectos prácticos, al menos sobre el césped. El Valladolid siguió defendiendo de manera ordenada, hasta que Juanpe entró al campo para rehacer el esquema. Desde ese momento comenzó el carrusel de cambios y dos equipos que intercambiaban tímidos golpes de manera continua. ¿Y Pérez Pallas? A lo suyo, con decisiones incomprensibles a la hora de tarjetear y con unas faltas dudosas.

 

Y entonces se confirmó el desastre. En una jugada tonta, el balón acabó dentro del área en los pies de Juanpe. Este, como si fuera un juvenil más que un jugador del primer equipo, se puso nervioso con el balón, despejó… y este rebotó en Samuel. Franco para Nino, que no había visto una así en la vida. Golpeo y para dentro. 0-1 y el Puela que acaba de condenarse.

 

El resto del partido fue un quiero y no puedo. Portugal se vio atado de pies y manos sin cambios después del de Óscar, y el trencilla, si es que quedaba algo, terminó de cortarle las alas al Pucela, pese a que alguna hubo para empatar. La cuestión es que no, y el Pucela se queda compuesto, sin novia y a media escalada hacia los puestos de arriba.

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