El Pucela naufraga en el Martínez Valero entre su inoperancia y el árbitro (1-0)

TRIBUNA

Tras una primera parte horrible, donde llegó el único gol –en fuera de juego-, los de Rubi espabilaron en la segunda, aunque fue insuficiente para pasar a la siguiente ronda copera donde esperaba el Barça.

FICHA TÉCNICA:

 

1 - Elche: Tyton; Damián Suárez, Enzo Roco, Pelegrín, Edu Albacar; Mosquera (Pasalic, m. 75), Corominas (Víctor, m. 65), Adrián, Aarón (Fayçal m. 55); Cristian Herrera y Jonathas.

 

0 - Real Valladolid: Dani Hernández; Carmona, Samuel, Chus Herrero, Brian (Óscar, m. 71); Sastre (Álvaro Rubio, m. 46), Timor; Jeffren (Mojica, m. 66), Omar, Bergdich; y Óscar Díaz.

 

Goles: 1-0, m.6: Adrián González.

 

Árbitro: Estrada Fernández (Colegio catalán). Mostró tarjeta amarilla a Cristian Herrera, Enzo Roco, Pelegrín y Tyton por el Elche, y a Sastre, Timor y Álvaro Rubio por el Real Valladolid. Expulsó a Timor una vez concluido el partido por protestar.

 

Incidencias: Partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey disputado en el estadio Martínez Valero ante 9.022 espectadores.

No pudo ser. El Pucela se quedó en la cuneta de la Copa del Rey, siendo su verdugo el Elche, que hizo bueno el gol de Adrián en el minuto 6 del encuentro de vuelta tras el empate a nada de la ida. Así las cosas, los blanquivioletas acumulan solo una victoria en siete encuentros y dos goles, además de quedarse sin el premio de jugar ante el Barcelona en la próxima ronda del torneo del KO.

 

Y es que este Valladolid es una máquina defectuosa. Como si le faltara un engranaje, por norma general no arranca, no funciona, no hace lo que se espera de ella, pero de vez en cuando le da por poner el botón de encendido y hace su labor a las mil maravillas. El problema está ahí, en que no lo hace casi nunca, y eso en el mundo del fútbol es insuficiente.

 

No está de más añadir al entramado la actuación de un árbitro que no se encuentra muy dispuesto a que el protagonismo se lo lleven los jugadores, cosa que consiguió Estrada Fernández. Al cuestionable encuentro que firmó el Pucela en la primera mitad, se unieron los continuos errores del trencilla, que permitió el gol ilicitano en fuera de juego y no expulsó ni a Pelegrín ni a Cristian Herrera, en el primer caso por varias faltas de amarilla y en el segundo por un tremendo pisotón a Sastre que no fue ni pitado.

 

Y así es imposible, por descontado. Sorprendió Rubi desde el primer momento con la alineación de Brian y Carmona en los dos laterales de la defensa y Dani Hernández bajo palos, más fuera que dentro del club. Sí estuvo consecuente el entrenador con sus palabras de hace unos días, donde dijo que hasta que se marchase, seguiría siendo uno más.

 

Pero yendo al partido, el Valladolid no pudo empezar peor. A los diez minutos Adrián ya había hecho el gol que decantaría la eliminatoria, en una acción en la que por cierto Dani pudo hacer más, y Pelegrín tuvo el segundo de cabeza. Los visitantes eran un pelele en manos del Elche, que se dedicó a dejar pasar el tiempo mientras continuaba cosiendo a patadas a los jugadores blanquivioletas ante la impasible mirada de Estrada Fernández.

 

¿Timor? Desaparecido en combate. ¿Omar? Vaya usted a saber. ¿Jeffren? Podría ni estar jugando. El único que daba señales de vida era un desacertado Óscar Díaz, que por supuesto no pudo evitar la derrota al descanso mientras su equipo demostraba una inoperancia absoluta.

 

En esas que la segunda mitad tenía sorpresas deparadas. Saltó Álvaro Rubio por un tocado Sastre desde el vestuario y el Valladolid se volvió otro. Quién sabe si la charla de Rubi, la entrada de Rubio o la simple vergüenza torera, el Pucela salió como un vendaval. El problema es que este vendaval era inofensivo.

 

Mostró el Real Valladolid los mejores minutos de juego de la temporada y esto se transformó en mil y una ocasiones, pero por desgracia en ningún gol. Y claro, sin hacer ni un gol en toda la eliminatoria es imposible pasar. Poco a poco la gasolina se fue terminando, al mismo ritmo que el reloj indicaba que se terminaba el tiempo. Mientras el Elche estaba a lo suyo, conocedor que contaba con la ventaja del gol, el mismo que no llegaría para el Pucela.

 

¿Lo bueno? Que el Valladolid demostró que puede tener minutos de buen juego. ¿Lo malo, que es la mayoría? Otro partido sin ganar, sin perforar la red, y con demasiado tiempo de aburrimiento y falta de toque. Por no hablar de la recompensa de jugar contra el Barcelona, esa que se llevó el Elche.