El peligro de sacar las esculturas durante la Semana Santa de Valladolid ante la lluvia

Las imágenes tuvieron que ser tapadas durante el Sermón de las Siete Palabras este Viernes santo. J.P.

El agua es un activo muy peligroso para las tallas, algo que pudo comprobarse una vez más este Viernes Santo durante el Pregón de las Siete Palabras, donde hubo que taparlas.

Cada Semana Santa igual. Más de uno mira al cielo, receloso, a la espera de que esos negros nubarrones no terminen de descargar sobre la ciudad de Valladolid para aguar –valga la expresión- alguna de las múltiples procesiones de la Pasión. El debate está siempre sobre la mesa, cuestionando en qué momento deben salir o dejar de salir las afamadas esculturas de Juan de Juni o Gregorio Fernández, entre otros, siempre de valor incalculable.

 

Este Viernes Santo la situación a punto estuvo de saltar a la palestra. A mediodía, a punto de comenzar el Sermón de las Siete Palabras y ya con las siete tallas frente al Ayuntamiento de Valladolid para arrancar el acto, las nubes decidieron dar un pequeño susto en forma de gotitas que hicieron sacar rápido los paraguas. Falsa alarma. Con el comienzo del Sermón, todo quedó en un amago. La pregunta, en todo caso, ya era inevitable. ¿Qué podría haberle pasado a las esculturas?

 

Este mismo viernes lo explicaba José Ignacio Hernández, conservador del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, en una entrevista en la Cadena Ser. “Es un asunto que siempre está en el centro de la polémica”, hizo ver el experto, en referencia a los tiras y afloja entre cofradías y museos a los que corresponden las imágenes. Sin ir más lejos, el propio Nacional de Escultura presta 42 de estas durante estos días.

 

“Se trata de tomar una decisión en función de lo que dicen las previsiones meteorológicas, y hacerlo siempre con cuidado. Pasa que cuando en un tiempo tan cambiante como es el de ahora en primavera, y más con luna llena, las críticas se echan encima”, se excusa Hernández, antes de explicar las nefastas consecuencias del agua en la madera.

 

“Puede suponer perdidas muy notables, sobre todo de policromía. Hay museos en el mundo que ni siquiera prestan piezas policromadas, con lo que une se puede hacer una idea”. Eso sí, no todos los inconvenientes los pondría la lluvia. “Hay riesgos también con el sol, ojo. Si tienes las piezas en las iglesias con un grado de humedad elevado y a temperatura baja, y de repente las sacas al sol a tostarse... la madera se contrae y se dilata, es ahí donde hay perdidas en la policromía”. No es fácil ser talla de Semana Santa, desde luego.

 

De lo que no deben tener duda todos los vallisoletanos es de que todas estas piezas se encuentran aseguradas en enormes fortunas, pero claro, el valor cultural es algo irrecuperable. Como para contarle a Andrés de Solanes, Francisco Fermín, Bernardo del Rincón o Francisco Díaz de Tudanca que sus tallas han quedado deformadas.

 

“Depende de si nos ocurren percances, es relativamente habitual que puedan llegar con levantamiento de policromías. El único recurso [para la lluvia] es poner un plástico, aunque solo sirve para llegar al museo porque no puede quedarse húmedo sobre la figura. Si el levantamiento de policromía es leve se arregla, pero si lo dejamos mojarse, mojarse y mojarse...”, deja en el aire el restaurador del Museo de Escultura. Así que ya sabe, si de aquí al Domingo de Resurrección se cancela alguna procesión, es ni más ni menos por una causa justificada.

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