El Paseo de Zorrilla, coleccionista de edificios comerciales a espera de un futuro mejor

Son varios los inmuebles de Valladolid con gran cantidad de metros cuadrados que esperan desde hace años que alguien quiera alquilarlos.

A cualquier vallisoletano que se le pregunte por una de las calles con más vida de la ciudad, probablemente respondería el Paseo Zorrilla sin pensárselo en demasía. Y no se equivocaría mucho, pero lo cierto es que en cuanto a actividad comercial habría que pensárselo un poco. No, no es que la enorme vía haya sufrido una caída en cuanto a establecimientos, pero sí es cierto que hay varios locales o edificios históricos que continúan a la espera de un futuro mejor.

 

Les hay grandes, pequeños y medianos, pero la cuestión es que el número es suficientemente nutrido. Especialmente sangrantes son los casos del Edificio Lucense, enfrente de la Plaza de Toros, o aquel situado en el cruce entre el propio Paseo Zorrilla y la calle Magallanes, donde hace no mucho tiempo se encontraba un comercio de congelados en su planta baja. Dos reliquias históricas que, hoy día, ven pasar el tiempo mientras sus paredes siguen cogiendo polvo.

 

El caso del Lucense, además, es uno de los que preocupa al Ayuntamiento de Valladolid, tal y como ha reconocido en varias ocasiones Javier León de la Riva. El alcalde siempre se ha puesto a sí mismo en sus ‘peros’ la rehabilitación y recuperación de este tipo de edificios en el centro de la ciudad, y a falta de inversores o personas interesadas, la tarea se complica, claro.

 

Y es que el emblemático lugar, en el corazón de Valladolid, echó el cierre allá por 1996, lo que supone la friolera de casi veinte años sin dar servicio, un problema acrecentado por el hecho de contar con varios dueños que dificulta la toma de decisiones. Con el paso de los años, el Consistorio se ha visto obligado a la monta de varios andamios para evitar su derrumbe, algo que termina por dar una triste imagen de un edificio que tiene difícil volver a vivir tiempos mejores. Ya se quedó un proyecto a medias en 2001, que terminó por dejar las cosas tal y como estaban.

 

 

En cuanto al edificio situado en la esquina entre Zorrilla y Magallanes, apenas a quinientos metros del nombrado Lucense, la situación no pinta mucho mejor. Pasó varios meses con un enorme cartel de alquiler entre sus terrazas que la actualidad ha sido retirado, en realidad sin ningún viso de que haya algún interesado en hacerse con él. Los costes de remodelación se disparan y echan para atrás a cualquiera que pueda ver una oportunidad en él, todavía con las cámaras frigoríficas visibles en la planta baja desde que cerrara dicho negocio hace años.

 

Así las cosas, Valladolid, o más bien el Paseo Zorrilla, tiene un detalle a mejorar en esta supuesta recuperación económica que hoy día venden desde el Gobierno, y es dejar de ser el coleccionista de edificios comerciales a la espera de un futuro mejor.

El Edificio Lucense, frente a la Plaza de Toros, abandonado y con andamios para evitar su derrumbe. BORIS GARCÍA