El Papa nombra a Blázquez miembro de la Administración del Patrimonio del Vaticano

Ricardo Blázquez. TRIBUNA

Es nuevo miembro de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), la comisión del Vaticano que se encarga de la administración y la regulación del patrimonio de la Santa Sede.

El Papa Francisco ha designado al presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el arzobispo de Valladolid Ricardo Blázquez, como nuevo miembro de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), la comisión del Vaticano que se encarga de la administración y la regulación del patrimonio de la Santa Sede.

  

Blázquez ya forma parte de otros organismos de la Curia Romana, como la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Pontificio Consejo para la Cultura.

  

Las reformas económicas de la Santa Sede se consolidaron en julio de 2014 con el traslado de la Sección Ordinaria del APSA a la Secretaría de Economía. El objetivo es que Secretaría de Economía pueda ejercer sus responsabilidades de control económico y vigilancia de los organismos de la Santa Sede, incluidas las políticas y procedimientos de adquisición y la distribución adecuada de los recursos humanos.

  

Desde entonces, el personal del APSA del que es ahora miembro Blázquez centra sus actividades exclusivamente en el papel de Tesorería de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Su misión es seguir garantizando la liquidez y la estabilidad financiera de la Santa Sede.

  

Francisco creó a Blazquez cardenal de la Iglesia Católica en el consistorio celebrado el 14 de febrero de 2015, con el título de Santa Maria in Vallicella.7 El 13 de abril de 2015 fue nombrado miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del Pontificio Consejo para la Cultura y el 27 de junio, miembro de la Congregación para las Iglesias Orientales.

 

La Congregación para la Doctrina de la Fe es la más antigua de las nueve Congregaciones de la Curia y fue creada para defender a la Iglesia de las herejías. Así, su función se centra en la difusión de la doctrina católica y la defensa de "aquellos puntos de la tradición cristiana que parecen estar en peligro, como consecuencia de doctrinas nuevas no aceptables".

  

Por su parte, la Congregación para las Iglesias Orientales es la congregación de la Curia Romana responsable por el contacto con las Iglesias Orientales Católicas con la finalidad de asistir a su desarrollo, proteger sus derechos y también conservarlas íntegramente dentro de la Iglesia católica, manteniendo su patrimonio litúrgico, disciplinario y espiritual. Tiene exclusiva autoridad en las siguientes regiones: Egipto y la península del Sinaí, Eritrea y el norte de Etiopía, sur de Albania, Bulgaria, Chipre, Grecia, Israel, Irán, Irak, Líbano, los Territorios Palestinos, Siria, Jordania y Turquía.