El Museo de la Ciencia de Valladolid, impotente ante los múltiples grafitis de sus fachadas

Desde la dirección se muestran desolados por la proliferación de estas pintadas, difíciles de limpiar sin destrozar el material especial del edificio. Tampoco hay presupuesto para más vigilancia.

Podría tratarse de una exposición más en las paredes exteriores del Museo de la Ciencia, pero no lo es. La institución se ha encontrado en los últimos meses, incluso años, con un claro problema en forma de gafitis en sus diferentes fachadas, fruto del trabajo de algunos gamberros que se dedican a darle un nuevo aire al lugar a base de spray. Como se puede intuir, se trata de un ‘arte’ que no gusta precisamente a la dirección del Museo.

 

“Cómo no me va a preocupar, tanto como directora del Museo como ciudadana”, arranca Inés Rodríguez, máxima mandataria del espacio cultural. Y es que no será por variedad de estas pintadas. Firmas, dibujos, abstractos, de color verde, morado, azul... Lo importante es que se trata de unos dibujos que terminan por destrozar las fachadas de las dos Plazas –la Norte y la Sur-, y demás paseos del recinto.

 

“Tenemos sobre todo en dos lugares. En la cubierta de color verde en forma de sierra, que es la parte superior de la sala de exposiciones temporales grande, justo a la altura de la pasarela. Justo las bandas inferiores de placas están pintadas desde hace tiempo”, dice la directora del Museo. “En esta zona no te diría que hayan salido muchas pintadas últimamente, pero sí cerca de la casa del río, al otro lado del paso peatonal”.

 

“Me encanta la técnica del grafiti y me parece una manifestación artística, muy urbana y propia de nuestro tiempo, pero me parece que el pintar paredes de toda la ciudadanía solo para que tu firma este ahí es una muestra de incivismo”, continúa Rodríguez, antes de hacer ver el verdadero quid de la cuestión de los pintarrajos.

 

“El problema es que si la pintada fuera en alguna pared blanca podría hacerse algún tipo de limpieza, o se podría intentar pintar encima. Pero es que estas placas verdes, que son de un óxido de cobre especial, solo se hacen en una zona de Alemania. Es una seña de identidad del edificio y así lo hicieron los arquitectos. Es un proceso natural, aunque acelerado, y no se puede limpiar”. Así, es imposible pasar la goma por los grafitis sin destrozar tan emblemática obra, y lo peor es que cada una de estas placas vale “miles de euros”.

 

VIGILANCIA INSUFICIENTE

 

Por supuesto, el Museo de la Ciencia cuenta con su propio sistema de vigilancia, claramente escaso para evitar el problema en cuestión. Un solo hombre se encarga de hacer ronda todas las noches tanto por fuera como por dentro del edificio, con lo que se hace difícil que pueda abarcar todo el lugar. “Evidentemente no puede estar en todas partes a la vez. Sí que es cierto que también hay una cámara y en el pasado se han puesto denuncias”.

 

La policía, según la directora del Museo, ha pedido en alguna ocasión concreta grabaciones concretas y se ha terminado por detener a los culpables, pero esto no evita que la pintura se quede donde estaba, claro.

 

“La sustitución de estas placas metálicas verdes forma parte de un posible mantenimiento general, pero la propiedad del edificio es del Ayuntamiento y no se nos oculta a nadie que la situación económica está complicada y que hay otras prioridades”, asume con impotencia Rodríguez, quien asegura que se mueven “unos presupuestos que dependen casi todo de la subvención municipal”.

 

“Agradecemos que se mantenga, y la incrementamos con otras fuentes más modestas como otras subvenciones, entradas, alquiler de nuestros espacios, amigos del Museo... y eso va para todo. Salarios, actividades...”. Teniendo en cuenta que cada placa de color verde óxido vale “miles de euros” y que no es válida la opción de limpiarla, la situación se plantea complicada, sin ninguna salida a la vista. Y el problema es que los grafitis siguen apareciendo sin remedio.