El manual de todo buen usuario de Auvasa en Valladolid

Un autobús de Auvasa, en plena marcha. BORIS GARCÍA

Aunque gran parte de los viajeros lo desconocen, existe un documento con consejos, recomendaciones y prohibiciones para los viajeros... y para los conductores.

Suele pasar cuando uno hace uso de un servicio público prácticamente todos los días. Lo gasta, está pendiente de él, le gusta leer novedades, pero al final desconoce que existe un reglamento para no abusar. Este es el caso de los buses de Auvasa. Miles y miles de pasajeros se mueven por las calles de Valladolid pagando religiosamente –más en estos días de Semana Santa- su billete, sin ser conscientes de que hay una lista de requisitos para cumplir. Es más, así lo recoge el Reglamento Municipal de Prestación del Servicio de Autobuses, el cual puede consultarse sin problemas en la web del Ayuntamiento.

 

La cuestión es que este estatuto cuenta con una serie de normas que deben cumplirse a rajatabla en cada uso de sus pasajeros... aunque también es válido para sus conductores. Bien es sabido que a menudo la llamada vista gorda impide que las cosas se hagan según deberían, máxime cuando uno se pone a revisar punto por punto el mencionado Reglamento.

 

Por ejemplo para los viajeros el 5 –hay hasta 9 divididos a su vez en varios apartados- hace referencia a la imposibilidad de subir a un bus con bultos y equipajes de más de 15 kilos de peso, y “siempre que sus dimensiones u olor no hubieren de causar molestias a otros usuarios”. Seguro que a más de uno le viene algún ejemplo contrario a la cabeza después de tantos viajes.

 

Y más. El listado hace referencia a puntos tan obvios como la obligación de pagar el billete hasta otros como la obligación del conductor de tener debidamente indicado el número y letra del cartel luminoso en la parte frontal y lateral del vehículo. Sobre el papel, el autobús no podría arrancar si este no se encuentra en las debidas condiciones.

 

Y aunque alguno se lo plantee cada vez que topa con un conductor malhumorado –de lo cual hay quienes no tardan en hacerlo ver en redes sociales- este se supone que tiene que “guardar con el público toda clase de atenciones, desempeñando su cometido con la mayor cortesía”. Habrá quien se frote los ojos al leerlo, quién sabe si por una bien o mal propagada mala fama de estos profesionales.

 

Detalles obvios tales como el no poder fumar o comer dentro del bus –esto último algo que tanto pasajeros como conductores suelen saltarse a la torera- quedan eclipsados con otros como la imposibilidad de introducir “materias inflamables o explosivas y también armas de fuego”. ¿Y usted, ha visto alguna de estas en un autobús de Auvasa?

 

Si le pica la curiosidad, puede consultar los nueves puntos al completo en un documento PDF adjunto que le dejamos debajo de estas líneas.