El Madrid, a un paso de la historia... 20 años después

El equipo de Pablo Laso se mide en casa a un Olympiacos eufórico tras 'cargarse' a todo un CSKA y con Spanoulis en estado de gracia. El carácter, la garra y la calidad del Madrid pueden devolver la Euroliga 20 años después.

 

LOS DATOS

 

REAL MADRID: Llull, Carroll, Rudy Fernández, Carroll, Ayón y Reyes -posible quinteto inicial--; Sergio Rodríguez, Rivers, Nocioni, Maciulis, Slaughter, Bourousis y Campazzo.

  

OLYMPIACOS: Mantzaris, Spanoulis, Darden, Printezis y Dunston -posible quinteto inicial--; Petway, Hunter, Papapetrou, Sloukas, Agravanis, Lafayette y Lojeski.

  

ÁRBITROS: Pukl (SLO), Ryzhyk (UKR) y Belosevic (SRB).

  

PABELLÓN: Barclaycard Center.

  

HORA: 20.00/Canal+1 y Canal+Deportes.

El Real Madrid afronta este domingo (20.00 horas) su partido más importante de las dos últimas décadas, la tercera final consecutiva de la Euroliga que está decidido a levantar de una vez por todas apoyado por el público del Barclaycard Center y saldando una dolorosa cuenta pendiente con el Olympiacos, rival que sigue contando con el jugador más determinante de Europa, Vassilis Spanoulis.

  

"El Olympiacos tiene mucho talento y luego está el de siempre", dijo Pablo Laso nada más batir al Fenerbahce y retornar a la final en la máxima competición continental, sin atreverse a pronunciar el nombre de ese veterano base que produce sudores fríos en entrenadores alrededor de todo el continente.

  

Pese a que no quiere "saber nada de revanchas", es imposible que al técnico vitoriano y sus pupilos no les siga supurando aquella herida abierta hace dos años en Londres, donde el Real Madrid inició como un tiro el asalto a la 'Novena', llegando a dominar por 17 puntos, hasta que Spanoulis, secundado por Acie Law, lideró una remontada espectacular (100-88) con cinco triples.

  

Camino de los 33 años, al heleno parece no afectarle el paso del tiempo. Por el contrario, parece ayudarle a apuntalar su proverbial aplomo, como volvió a demostrar en la semifinal de este viernes ante el CSKA Moscú, logrando su séptima victoria en siete partidos que ha disputado de 'Final Four'.

  

Después de fallar sus primeros 11 tiros a canasta, no dudo en volver a tomar la responsabilidad con 11 puntos en los últimos tres minutos y medio, enjugando una desventaja de nueve puntos y metiendo al Olympiacos en su tercera final de Euroliga en cuatro años.

  

"Si ponemos cinco defensores encima de Spanoulis anota cualquiera de los otros", subraya Laso al borde de la perogrullada, consciente de que, para que la estrella remate la faena con su clase habitual, un grupo de escuderos debe mantener al equipo vivo en el partido.

  

Georgios Printezis, verdugo del Barcelona en cuartos de final y varios mundos por delante de aquella versión que mostró en el Unicaja, pone la versatilidad en ese rocoso bloque que ha conformado la mejor retaguardia de la competición al compás de Bryan Dunston, nombrado defensor del año una vez más.

  

Con todo, la capacidad de supervivencia, el orgullo, la competitividad, son las marcas impresas a fuego en la piel de un equipo que, como ya logró en 2012 y 2013, quiere llevarse una gloria para la que no estaba señalado a priori. "A Olympiacos le pisas la cabeza y se levanta", confirma muy gráficamente Andrés Nocioni.

 

UNA OPORTUNIDAD DEMASIADO HISTÓRICA

  

Sin embargo, todo el mundo coincide en señalar al Real Madrid como favorito, un rol que, al igual que en Londres'13, acabó acusando el año pasado en Milán ante el Maccabi Tel Aviv, experiencias muy frustrantes de las que dice haber aprendido para no tropezar tres veces en la misma piedra.

  

La soberbia actuación en semifinales, ante un peligroso Fenerbahce que fue arrollado en el segundo cuarto (35-14), confirmó las buenas sensaciones del anfitrión. Ya no tiene a Nikola Mirotic, recién eliminado con los Bulls en la NBA, pero tres jugadores llegados el pasado verano como Gustavo Ayón, KC Rivers y Andrés Nocioni fueron los mejores ante el equipo turco, muestra de que la máquina blanca está plenamente engrasada.

  

Jugando en casa, con una plantilla formidable y decidido a finiquitar 20 años de reveses europeos, la presión quizá sea el mayor enemigo que amenaza al Real Madrid. Aquellas experiencias negativas y la sorprendente eliminación de España en la Copa del Mundo con cuatro jugadores blancos en la plantilla (Rudy, Llull, Sergio Rodríguez y Reyes) ponen sobre alerta a jugadores, técnicos y aficionados.

  

A la tradicional fortaleza exterior del equipo, exhibida en semifinales al igualar la plusmarca de triples en una 'Final Four' (14), se une una mayor fortaleza cerca de los aros. El desfallecimiento de Bourousis ha corrido parejo al crecimiento de Ayón, imparable para el Fenerbahce en todas las facetas del juego. Las ganas del capitán Reyes -casi inédito el viernes-, el físico de Slaughter y "el corazón más grande que el pabellón" de Nocioni, en palabras de su entrenador, redondean un arsenal temible.

  

Con todos estos mimbres, el Real Madrid encara su tercera final consecutiva de Copa de Europa, algo que no lograba desde 1976, ante un adversario con el que empata después de 32 enfrentamientos oficiales (16-16) y al que ya eliminó el año pasado en cuartos de final después de cinco duelos. Pero la venganza importante, la del premio gordo, aún aguarda en la capital española.