El jurado califica de asesinato la muerte del ferretero de Valladolid a manos de su exnovio

El Mininsterio Fiscal ha mantenido invariable su petición de veinte años de prisión, junto con el pago de indemnizaciones.

El jurado popular ha hallado a Jesús Guillermo M.M. autor de un delito de asesinato cometido en junio de 2014 en Valladolid en la persona de su exnovio, Daniel G.R, a cuyo domicilio acudió armado con un cuchillo de cocina que utilizó para asestarle trece cuchilladas y luego, tras arrojarle a la bañera, quemó vivo utilizando para ello una garrafa de disolvente y distintos materiales combustibles.

  

El veredicto, unánime, de los cuatro varones y cinco mujeres integrantes del jurado aplica al procesado, de 54 años, las agravantes de abuso de superioridad, parentesco y ensañamiento, no así la alevosía que recogía el escrito de la acusación particular, y también estima como probada la atenuante de anomalía psíquica del autor del crimen, dado que padece un trastorno adaptativo mixto que el día de autos aminoró ligeramente sus facultades volitivas.

  

Una vez conocido el fallo, el Mininsterio Fiscal ha mantenido invariable su petición de veinte años de prisión, junto con el pago de indemnizaciones de 50.000 euros para cada uno de los dos hermanos de la víctima, así como 22.803 por los daños en el piso y 1.260 más para la comunidad de propietarios por los desperfectos en el edificio.

  

El juicio se inició el pasado viernes, 13 de noviembre, y se ha prolongado durante cuatro jornadas en las que no ha sido posible conocer la versión de los hechos del acusado, quien en su día se negó a declarar ante la policía y el juez y durante el presente proceso prefirió seguir mudo, renunciando incluso a su derecho, una vez concluida la vista, a pronunciar unas últimas palabras. "Prefiero permanecer callado", espetó Jesús Guillermo, quien durante buena parte del juicio mantuvo su cara oculta tras sus manos.

  

Acusado y víctima, un ferretero jubilado de 64 años que vivía en la calle San Luis, habían mantenido una antigua relación que les había llevado incluso a abrir un fondo de inversión a nombre de los dos, con un saldo de unos 30.000 euros, así como a registarse como pareja de hecho. Sin embargo, el noviazgo concluyó alrededor de 2008 y, de forma definitiva, a raíz de que Daniel G.R. se jubilara a primeros de 2014 y, como recordó su hermano, decidiera "dedicarse a sí mismo" y comenzara a estudiar artes e idiomas.

  

Fue sobre las 09.00 horas del día 30 de junio de 2014, por causas que no han sido esclarecidas, cuando Jesús Guillermo, un hombre "triste y ansioso", tal como le han definido los médicos-forenses, acudió a la vivienda de su expareja armado con un cuchillo que cogió del mazo de cuchillos de su cocina y provisto de una garrafa de cinco litros de disolvente que adquirió esa misma mañana en una tienda situada a mitad de camino entre ambos domicilios.

  

Después de que Daniel franqueara la puerta de casa a su antiguo novio, este último acometió inicialmente al primero y le infligió trece heridas superficiales de arma blanca, lesiones que no le habrían ocasionado la muerte de no ser porque acto seguido Jesús Guillermo le arrojó a la bañera y le quemó allí vivo, utilizando para ello el disolvente y otros materiales, entre ropas, mantas y maderas, e incluso la propia puerta del baño que arrancó de las bisagras y que colocó también sobre la víctima.

 

UNA MUERTE HORRIBLE

  

Daniel tuvo una muerte horrible, una lenta agonía de unos diez minutos producto de las quemaduras y de la inhalación de gases tóxicos, como así han descrito los forenses que examinaron su cuerpo semicarbonizado. Su cadáver quedó en tal estado que ni siquiera fue posible en un primer momento saber si pertenecía a un hombre o una mujer y obligó a los expertos a amputarle varios dedos para hidratarlos y poder así extraer sus huellas para verificar su identidad.

  

Lo que no se ha podido determinar fueron las razones que impulsaron a su verdugo a actuar como lo hizo, si fue el móvil económico o bien, como así ha venido sosteniendo su abogada defensora, un impulso incontrolable, un "acto mecánico" que desencadenó un trastorno adaptativo mixto, con rasgos esquizoides y paranoides, y acrecentado por un sentimiento de inferioridad física y económica que empezó a padecer a raíz de que se le detectara en 2008 una enfermedad de transmisión sexual y tras sufrir un accidente laboral que le dejó incapacitado para trabajar.

  

Su abogada sostiene incluso que el crimen pudo evitarse si facultativos del servicio de Urgencias del Hospital Clínico Universitario hubieran acordado su ingreso.

  

Y es que el sábado y domingo anteriores al día de autos, lunes 30 de junio, Jesús Guillermo acudió a ellos pidiendo ayuda porque temía "hacer daño a alguien, al que fuera". Sin embargo, le ajustaron la medicación y "le mandaron para casa con las mismas fobias con las que llegó", lamentó su letrada.

  

Frente a la semi-imputabilidad del procesado, la acusación particular no ha desaprovechado la ocasión durante el juicio para recordar que estamos ante "un asesino, no un enfermo, un ser abyecto y taimado", autor, a su juicio, del "crimen más horrible de los ocurridos en la historia de Valladolid" que merece una adecuada condena para hacer justicia no sólo a la víctima y su familia sino a la sociedad en general.