El IOBA investiga los factores que originan sequedad ocular en los usuarios de lentes de contacto

El Grupo de Superficie Ocular del IOBA busca en Valladolid voluntarios miopes de hasta 5 dioptrías y que usen o no lentes de contacto para participar en este estudio.

Según las estimaciones, alrededor de la mitad de los abandonos en el uso de lentes de contacto se debe a temas de incomodidad, relacionados frecuentemente con la sequedad ocular. La industria lleva varios años trabajando para solucionar este problema y reducir estos porcentajes tan elevados, para lo cual es necesario profundizar en todos los factores relacionados con la sequedad ocular y su relación con el uso de lentes de contacto. Investigadores del Grupo de Superficie Ocular del IOBA (Instituto de Oftalmobiología Aplicada) de Valladolid trabajan en esta línea y actualmente desarrollan un estudio en que el que quieren incluir a cerca de 60 pacientes.

 

Tal y como detalla la investigadora del IOBA, María Jesús González, el trabajo forma parte de la tesis doctoral de Vicente Martín y se lleva a cabo junto con la Universidad do Minho de Braga (Portugal). El principal objetivo, señala, es detectar qué diferencias existen entre los usuarios de lentes de contacto con síntomas clínicos (ojos rojos, secreción de lágrimas, etc) y los usuarios sin síntomas. Aunque se trata de los primeros pasos en esta línea, encontrar estas diferencias “permitiría detectar previamente a los pacientes que pueden llegar a tener problemas y abandonar el uso de lentes de contacto”.

 

Entre los factores que se analizarán a lo largo del estudio se encuentran los ambientales. “No es lo mismo estar en Valladolid, con una humedad relativa en torno al 40-45 por ciento, a estar en una zona de costa en torno a un 80 por ciento de humedad. Los usuarios de lentes de contacto están más cómodos con más humedad”, explica la experta. Del mismo modo, otros factores ambientales como el flujo de aire, la temperatura o la presión atmosférica también afectan a la incomodidad de estos usuarios. Para estudiar estos factores, los investigadores someterán a los sujetos objeto de estudio a diversas condiciones ambientales en la Cámara de Ambiente Controlado que el IOBA ha construido en el propio centro.

 

Además, analizarán marcadores moleculares, “proteínas que segrega la superficie del ojo o la lágrima y que de alguna manera nos pueden indicar qué está pasando a nivel molecular en estos pacientes”, añade González. Por último, estudian la sensibilidad de la córnea con el objetivo “de conocer si esta sensibilidad está relacionada con que el paciente tenga más o menos síntomas de sequedad”.

 

Voluntarios con miopía

 

El Grupo de Superficie Ocular lleva cerca de dos años planificando el proyecto y ya ha evaluado a cerca de 45 sujetos. Para completar el estudio necesitan más voluntarios, hombres y mujeres de entre 18 y 45 años con miopía de hasta 5 dioptrías, y que usen o no lentes de contacto.

 

El voluntario usuario de lentes de contacto tiene que realizar un total de cinco visitas: una primera en la que se efectúan las pruebas necesarias para saber si cumple o no con los criterios de inclusión en el estudio; y cuatro posteriores en las que es sometido a diversas condiciones ambientales controladas durante un tiempo determinado, con dos tipos de lentes diferentes, realizando tareas como ver la televisión o utilizar el ordenador. En el caso de los voluntarios miopes que no sean usuarios de lentes de contacto, solo tienen que hacer una visita en la que se realizan todas las pruebas.

 

Una instalación única en el mundo

 

La Cámara de Ambiente Controlado del IOBA está formada por 17.000 kilogramos de acero con la que se pueden recrear las condiciones ambientales extremas a las que se somete el ojo humano en determinadas situaciones, como los vuelos transoceánicos. Con esta cámara se pueden calibrar características ambientales como el grado de humedad, la presión o la temperatura, lo que permitirá realizar todo tipo de ensayos con nuevos fármacos y soluciones oftalmológicas.


En este sentido, uno de los problemas que la Cámara puede ayudar a resolver es el Síndrome de Ojo Seco (reducción de la cantidad de lágrimas producidas), que cada vez afecta a un mayor número de personas. Hasta el momento, los estudios clínicos que se han desarrollado para aminorar sus efectos no han tomado condiciones estandarizadas y tampoco sistemas para reproducir de forma eficiente las condiciones extremas a las que se someten los humanos, como los vuelos, los ambientes de trabajo con aire acondicionado o calefacción sin la adecuada renovación del aire o determinados puestos en la industria.

 

Asimismo, las instalaciones servirán para averiguar con fundamentos científicos cómo se comportan determinados fármacos, la tolerancia a las nuevas lentes de contacto y soluciones de limpieza y mantenimiento o diseñar nuevas técnicas de diagnóstico para enfermedades de superficie ocular, como la alergia. Finalmente, también ayudará a los científicos a valorar las consecuencias de la aplicación crónica de determinados fármacos o los efectos de la cirugía refractiva.