El fin del periodo de las carreras de galgos propicia “cientos de abandonos” en Castilla y León

Un galgo, en plena carrera detrás de una liebre. TRIBUNA

La protectora Scooby, con sede principal en Medina del Campo en Valladolid, asegura que recibirá cerca de doscientos perros y pide implicación de administraciones públicas.

Casi como un pañuelo, de usar y tirar. Así es como ven muchas personas a los animales, en este caso perros, como simples herramientas de las que deshacerse cuando ya no pueden cumplir su cometido. Y si no que se lo digan a los “cientos” de galgos que serán abandonados después del periodo de carreras que tiene lugar estas semanas en la región de Castilla y León, tal y como denuncia la Asociación Scooby, que opera sobre todo en Castilla y León y tiene su sede central en Medina del Campo, en Valladolid. La protectora espera acoger en las próximas semanas hasta doscientos perros después de que sus dueños decidan deshacerse de ellos.

 

“Para el final de temporada de las carreras de galgos, que suele ser a finales de enero, principios de febrero, tenemos previsiones de recoger un par de centenares de perros”, asegura Pablo, de Scooby, la cual gestiona la perrera municipal de Zamora o tiene política activa en Salamanca o Palencia. “La cantidad de animales que tenemos en la actualidad, unos 500 o 600, ocupan cerca del 60% de la capacidad total en todos nuestros centros. Con estos nuevos perros se quedará en un 80%, más o menos”, incide.

 

“Es una pena porque hay quien los ve como herramientas para estos casos de carreras o de caza. Cuando se van volviendo mayores o si tienen alguna lesión, no dudan en deshacerse de ellos”, prosigue el miembro de la protectora, que acepta “todo tipo de animales”, pasando por “faisanes, burros, caballos, perros, conejos, cobayas, gatos...”. Scooby se mantiene en gran parte gracias a miembros internacionales, ya que muchas donaciones llegan de fuera de España, y de hecho el 80% de las adopciones se van a Francia, Italia, Portugal, Suiza o incluso a Estados Unidos, entre otros tantos países.

 

LAS DIPUTACIONES, EN EL PUNTO DE MIRA

 

“Nosotros tenemos labor de concienciación, como toda protectora tenemos esa labor, aunque debería ser la administración la que en parte se hiciera cargo”, lanza el dardo envenenado el defensor de los animales, antes de explicar el funcionamiento que hacen las administraciones públicas para la recogida de animales abandonados.

 

“Se saca a concurso la licitación, si son diputaciones de perros solo y si son ayuntamientos suelen incluir gatos también. En Salamanca, por ejemplo, se recoge todo lo que esté suelto por la ciudad. La cuestión es que a esa licitación aspira quien quiera, quien cumpla los requisitos se puede presentar”, incide Pablo.

 

“Yo lo asemejo, con las distancias debidas, a que para recogida de basuras se concede a la empresa que cobre menos. Con los animales es lo mismo. El 99% de los casos lo que más pesa es la oferta económica”. Con la diferencia clara de que Scooby tiene política de sacrificio cero, algo que no llevan todas las empresas o asociaciones que optan a hacerse cargo de las perreras municipales. De hecho, en Valladolid todavía no han conseguido hacerse con la gestión de la perrera.

 

“Nos presentamos a estos concursos, hacemos una propuesta económica y damos por hecho que esos perros que recojamos van a estar comiendo una semana, un mes o el tiempo que sea, que puede ser un periodo largo. Otros no tienen esta política y en el periodo legal de 21 días si nadie viene a por el perro, se sacrifica. ¿Cómo compites con esto económicamente? No tienen gastos de vacuna, de comida, de esterilización, de que el perro se ponga enfermo... Esto pasa en la Diputación de Valladolid. Nos hemos presentado muchas veces y se lo acaba llevando Yosa, el hotel criadero de perros”, explica con impotencia Pablo, antes de atacar a esta empresa.

 

“Bien es conocido que tanto en la Diputación de Valladolid como en la de Palencia gestiona las perreras Yosa, que no tiene política de sacrificio cero. En Valladolid, por ejemplo, se recogen trescientos, cuatrocientos o quinientos perros al año. Y luego se adoptan unos doscientos. ¿Dónde están el resto?”, concluye, dando a entender el fatídico destino que le espera a estos perros. Alguno de los que corre estos días en las carreras de galgos en Castilla y León, quién sabe, podría acabar teniéndolo.

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