El fanatismo de la religión a debate en la Seminci

Camino de la cruz

La película alemana Camino de la cruz, aborda la problemática que engendra el fervor religioso en la sociedad.

Día muy heterogéneo el que se ha vivido en la tercera jornada de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. La mañana arrancaba con un admirable ejercicio formal propuesto por el director germano Dietrich Brüggemann con su película Camino de la cruz. La cinta está dividida en 14 planos secuencias y en su gran mayoría estáticos, todos ellos justificados y sin ánimo alguno de presunción o pedantería de por medio. A través de todos ellos el realizador aborda la problemática que engendra el fanatismo religioso en la sociedad llevando a la protagonista, María, una chica de 14 años, a sufrir la severidad extrema de una educación católica llevada al extremo.

 

Las lecturas que se pueden hacer del film son variopintas, algunos lo verán como una lección moral de extraordinaria composición, otros como un pretencioso dictamen sobre los valores religiosos y por último habrá quien únicamente se quede con la incuestionable mordacidad y sorna que envuelve al film. Un servidor se decanta por lo primero, pero el espectador es más que libre para determinar su propia interpretación. Sea como fuere, este relato de una niña que quiso ser santa ya se llevó el premio de mejor guión en el festival de Berlín y apunta a que no dejará Seminci con las manos vacías.

 

 

Seminci puede pasar de un ejercicio de absoluta rigurosidad de forma y contenido como Camino de la cruz, a una descarada y jovial comedia como Cowboys. Inspirada en una función de teatro de gran éxito en Croacia, cuenta la historia de siete peculiares e inconfundibles individuos (6 hombres y una mujer) que se apuntan como actores a una obra de teatro en una pequeña localidad de Croacia. Con esta premisa, Cowboys es una gamberrada divertida, singular y placentera de inicio a fin que basa su éxito cómico no en un guión muy lúcido, sino en unos personajes cargados de carisma.

 

Con sus disparatadas situaciones, Cowboys cumple como comedia en todo momento, aunque el director fracasa en su propósito de dotar al relato de cierta profundidad dramática. Y es que el problema ante este tipo de largometrajes surge cuando se es incapaz de mantener el drama y la comedia en una misma línea de coherencia y credibilidad. Si bien es cierto, ha quedado demostrado que tan solo los maestros del geńero son capaces de llevar a cabo tal proeza.

 

 

Sorprende que una película como El hombre más enfadado de Brooklyn tenga cabida en la Sección Oficial (aunque fuera de concurso) de Seminci. El largometraje, que es uno de los últimos trabajos del recientemente fallecido actor Robin Williams, es un cúmulo de insignificantes y absurdas situaciones características de un telefilm de media tarde más que de un festival de cine de autor.

 

Y es que salvo un par de escenas jocosas el resto del metraje es superfluo y apenas es capaz de tejer un hilo argumental que capte la atención de la audiencia y se mantenga alejado de los tópico y lo previsible. Al menos el realizador norteamericano, Phil Alden Robinson, ha tenido la consideración de minimizar nuestro tedio presentando un montaje final de apenas 80 minutos.