El entrenador “objetivo”

Juan Ignacio Martínez ha conseguido en su carrera grandes metas con equipos modestos gracias a su personalidad y buen hacer, además de una combinación de cercanía y exigencia.

Casi tres semanas ha tenido que esperar el Real Valladolid para encontrar el sustituto de Miroslav Djukic, a quien la afición blanquivioleta le costará olvidar. Pero lo cierto es que, al menos por sus últimas experiencias, Juan Ignacio Martínez parece el adecuado para cubrir la baja del entrenador serbio.

 

Es imposible saber qué destino le espera al entrenador alicantino en Valladolid, solo el tiempo y una permanencia o un descenso en junio del año que viene lo dirán, pero por su carácter y su personalidad, que le llevan a plantear un juego ofensivo y vistoso, Carlos Suárez parece haber dado en el clavo.

 

JIM es un tipo peculiar. Peculiar porque parece que hoy día lo extraño en el mundo del fútbol es ver a los jugadores como lo primero que son, personas, y eso es algo que al entrenador se le da como al mejor. Su metodología consiste en ir más allá en la relación con su plantilla, de manera que más que en su míster se convierte en su amigo, su psicólogo, pero siempre sabiendo llevar la sartén por el mango. Puño de hierro en guante de lana, que suele decirse.

 

Un hombre cumplidor

 

Sus últimas experiencias son casi inmejorables. En sus dos años con el Levante, consiguió la primera participación del equipo valenciano en UEFA y dos permanencias. Con el Cartagena, desde 2009 hasta 2011, estuvo cerca de llevar a un equipo recién ascendido a Segunda hasta la máxima categoría, obviamente, con otras dos permanencias en la categoría de plata mediante.

 

Remontándose un poco más atrás, hasta la temporada 2008/2009 en la que dirigió al Albacete en Segunda, consiguió salvar al conjunto manchego de su caída a Segunda B. Lo dicho, un entrenador especialmente cumplidor con los objetivos del equipo.

 

Pero no se trata solo del qué, sino del cómo. JIM prioriza el aspecto humano de sus jugadores para poder sacar lo mejor de ellos, hacerles ver que son mejores de lo que creen. Bien lo sabe Víctor Fernández, hoy asesor de Alberto Marcos en la secretaría deportiva. El mítico “21” del Valladolid coincidió con el alicantino en sus dos años en Cartagena y se trata de uno de los avales más importantes para que el técnico haya acabado desembarcando en Zorrilla.

 

Víctor es perfecto conocedor de la metodología de un hombre cercano, alguien que comenzó su vida laboral vendiendo seguros –quizá de ahí salga su carácter persuasivo para convencer a los jugadores de sus ideas- y que da gran importancia a la confianza personal y , por ende, de toda su plantilla.

 

Todo esto no garantiza la permanencia del Real Valladolid en Primera, obviamente. Tan solo se trata del primero de los muchos pasos que hay que dar para conseguirla, pero el hecho de contar con el entrenador “objetivo”, aquel que siempre cumple con sus metas, se trata del paso más grande que se podía dar para comenzar a andar.