El encuentro y el reencuentro

Joselillo y El Cid, en su salida en hombros de la Plaza de Valladolid. PABLO ALONSO

El Cid y Joselillo salen por la Puerta Grande en la cuarta de abono de Valladolid tras cortar dos orejas por coleta, en una voluntariosa tarde en la que Escribano pinchó una buena labor al quinto.

Cuarta de Feria. Temperatura agradable con poco más de un tercio de entrada en el coso de Zorrilla. Se lidió una corrida de toros de Victorino Martín en su regreso a la plaza de Valladolid.

 

El Cid. Ovación y dos orejas.

 

Manuel Escribano. Ovación y ovación.

 

Joselillo. Oreja y oreja.

La penúltima de feria de Valladolid era de encuentros y reencuentros. Joselillo, el diestro vallisoletano, volvía  la plaza de su tierra. Victorino se reencontraba con la afición pucelana doce años después y Manuel Escribano, el torero sevillano al que un Miura le relanzó en el escalafón, se encontraba por vez primera con el viejo coso de Zorrilla.

 

Pero el verdadero reencuentro fue el del Cid con el triunfo, con los albaserradas que le dieron la gloria. Y es que el de Salteras firmó una gran actuación en Valladolid, especialmente en el cuarto donde el sevillano lo entendió a la perfección y ligó dos tandas de mucho mérito y emoción. El Victorino fue a menos, pero El Cid logró mantener la atención reduciendo las distancias. Dos orejas para reencontrarse con Victorino.

 

Joselillo, el vallisoletano, tenía un papelón. Se veía con una figura y con Escribano que viene apretando fuerte. Su plaza, el compromiso de los Victorino y por si fuera poco su primer enemigo lo apretó y el pucelano rodó por los suelos. Embraguetado e intentando agradar muy valiente. El estoconazo con el que pasaportó a su primero le hizo ganarse una oreja y el cariño de su afición.

 

El sexto, de un desigual encierro, fue el más parado. Aun así, el vallisoletano -que brindó a sus compañeros de terna- se metió entre los pitones, se jugó el pellejo. Comprometido con la tarde, volvió a echarse en la testuz del Victorino y dejó otra gran espada. Otra oreja con el que le reconocieron el esfuerzo y le sirvió para abandonar el coso en volandas.

 

Por su parte, Manuel Escribano, desmonterado por ser su primer encuentro con la plaza de toros de Valladolid, acongojó al público que cubrió algo más de un tercio del aforo en el tercer para de su primer toro. Por los adentros, al quiebro y al violín. El sevillano poco pudo hacer en el trasteo pues el astado se quedaba en la muleta. Pasó el trago y en el quinto, sacó a relucir su oficio. El toro protestaba por arriba y recortaba la embestida por el pitón izquierdo. Sin embargo por la diestra presentó fijeza. Pinchó y se esfumó toda la oportunidad de triunfo.

 

Al final, dos toreros felices, que se daban un baño de multitudes en la salida por la Puerta Grande en una tarde que fue de encuentros y reencuentros.